Se ha ido un vigués

VIGO CIUDAD

OPINIÓN | O |

14 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SER Y SENTIRSE vigués son dos conceptos de los que pocas personas pueden presumir. Leri era ambas cosas y no sólo lo llevaba a gala sino que predicaba con el ejemplo. En una ciudad habitada por muchos pero, querida por pocos, él fue un insigne baluarte de rectitud y honestidad. Con todos sus defectos y virtudes, puso su granito de arena en la mejora de Vigo participando en la política local. Y lo hizo con todo el ruido posible para que su voz fuera escuchada y pudiera, al menos, provocar una reacción en nuestra aletarga conciencia. No tuve la fortuna de conocerlo pero, como reza el dicho de que «por sus obras le conoceréis» me basta pasar por el Vao para ver el resultado de sus esfuerzos. Fui, como el resto de los vigueses, testigo de su tesón en la lucha por lo que él consideraba justo y necesario para la ciudad, sin duda, mucho más de lo que hicieron el resto de los políticos. Leri ha entrado en la historia de Vigo en vida, como deberían de entrar todos aquellos ilustres ciudadanos de los que debemos sentirnos orgullosos, comulguemos o no con sus ideas y sus principios. Se fue pero, es mucho lo que nos deja, sobre todo, la responsabilidad de hacer de Vigo una ciudad de la que todos nos sintamos orgullosos.