«Este centro de aves era el sueño de nuestro hijo Álex y por él sobrevivimos»

Monica López Torres
mónica torres TUI / LA VOZ

TUI

M.Moralejo

La familia del cetrerillo de Tui, fallecido en el 2018, ha levantado un núcleo zoológico

22 oct 2023 . Actualizado a las 20:27 h.

La principal aspiración de todo padre es poder ver cómo sus hijos crecen y conquistan sus sueños. También era la de Mari Carmen Pérez y Leandro hasta el 23 de octubre del 2018. Ese día, su hijo Alejandro, que con tan solo veinte años ya había enseñado a volar a las seis aves rapaces que cuidaba «como un padre», dejó a los suyos huérfanos. Él era el cetrerillo de la familia. Su refugio siempre había sido el vuelo y su máxima aspiración, llegar a tener un núcleo zoológico. Todo lo que ganaba trabajando como carnicero era para cubrir las necesidades de sus animales. Desde la alimentación a los veterinarios y el tiempo libre que sacaba, para cuidarlas y volar con ellos.

Aquel anhelo ha sido el sustento de unos padres devastados por su inexplicable partida. «Cumplir el sueño de Álex nos ha obligado a sobrevivir desde entonces», explican. Con su cetrerillo aprendieron a ser una familia interespecie, en la que los humanos compartían un proyecto de vida con águilas, búhos y autillos. Igualmente unidos, con el respaldo de sus otros dos hijos y los tres nietos que crecen cultivando la misma pasión por las aves que su tío, Mari Carmen y Leandro afrontan mañana el quinto aniversario de la pérdida de Álex, «aunque para nosotros es como si hubiera sido ayer». Llegan con el mismo dolor porque «levantarse ya es un reto cada día y cada aniversario, la jornada más negra», aunque ahora será «con una paz distinta que nos reconforta»: Álex ya tiene su núcleo zoológico y su propio rincón. Construirlo ha permitido que sus padres remonten el vuelo.

Desde hace unas semanas y habiendo trabajado con sus propias manos día y noche, la familia ha conseguido cumplir el deseo del joven, haciéndolo suyo. «Su sueño nos permite seguir vivos», afirman los fundadores del Rincón de Álex, un centro que además han abierto a los niños y cuya acogida les ha dado un nuevo impulso para continuar. «Se me caían las lágrimas al sentir la emoción de los niños al poder ver, conocer y tocar las aves. Todos preguntaban quién era Álex y se mostraban felices al conocer su pasión por los animales», reconoce Mari Carmen. Ella nunca fue una persona muy extrovertida ni la vida le había dado la oportunidad de forjar relaciones más allá de las de casa. Era Alejandro el que más la animaba a abrir su círculo, recuerda. «Mi hijo me dio una gran lección aun fallecido. Fue tras su partida cuando entendí lo que realmente es sentir pasión por las aves y la cetrería, como me contaba él tantas veces», reconoce la orgullosa madre que sigue volando por él porque sabe que sería lo que Álex querría.

Y con ella, Leandro, padre y compañero infatigable de entrenamientos, campeonatos y congresos. Juntos han aprendido todo sobre el arte milenario de la cetrería. Álex no necesitaba el carné de conducir porque ya su padre se encargaba del coche y a él le llegaba con el pedestal que montó en su bicicleta para que Kira, el águila de Harris que adoptó en el 2015 y que se convirtió en su compañera inseparable lo pudiera acompañar a todas partes. Todo su pueblo recuerda aquellos habituales paseos que Álex y Kira compartían en bicicleta y cómo su amiga acudía al cementerio a diario tras su fallecimiento, como si el vínculo entre ambos hubiera traspasado este mundo.

Kira y Zeus, el búho real que Álex regaló a su padre, son los veteranos del Rincón de Álex, pero la familia alada siguió creciendo y ahora están también Álix, búha hermana de Zeus y la clienta más emplumada y mediática de las dos riberas del Miño, ya que acompaña a Mari Carmen y a Leandro hasta la cafetería. Zoe es un impresionante cárabo lapón que cautiva a cuantos conoce y Ares y Dina son dos autillos cariblancos. También se incorporó al equipo Atenea, el águila rapaz a la que siempre había aspirado el joven que inspiró el centro que ahora permite seguir soñando tanto a su familia como a todos los niños que lo visitan.

La cosa no queda ahí. En casa de su hijo Emilio crecen, además de sus tres nietos, dos búhos reales, un cernícalo y la hija de Kira, que es otra águila de Harris que además, explican los abuelos, ha forjado una gran amistad con Cheis, uno de los dos pastores alemanes de la familia, «sobre el que duerme a menudo».

A Mari Carmen le gustaría tener una furgoneta para visitar con sus aves los centros de día y residencias de mayores, «porque la soledad es la enfermedad más dura y los animales son un gran antídoto».

«No tenemos a Álex, pero ver la sonrisa de otros niños y mayores con sus aves nos devuelve instantes de paz», dicen.

Estos padres coraje aprendieron aquel 23 de octubre que el suicidio de un hijo le puede pasar a cualquiera. Dispuestos a ayudar a salvar otras vidas, imploran a jóvenes y mayores que busquen apoyo ante cualquier injusticia o maltrato.