Los 21.000 amigos del Banco de Tapones recogen 214 kilos cada día
11 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Si a alguna persona del círculo más cercano de Jesús Pazo Alonso le hubieran dicho hace un año que el veterano fotógrafo de Tomiño iba a exponerse ante los objetivos no lo creerían. Dos niños de menos de cuatro años han conseguido que este tomiñés, celoso de su vida familiar y de su cuidado círculo de amigos, bebiera de su propia medicina.
El año arranca para Jesús repleto de efemérides. Recién estrenados los 43, celebró este fin de semana 17 años en común con Raquel Pousa, la tomiñesa que le robó el corazón y con la que comparte proyectos profesionales y personales. «La mujer de mi vida», confiesa. Con ellos, Sara, que con 15 añazos, le tocará ser para siempre «la niña de mi vida». Jesús convirtió su otra pasión en profesión hace dos décadas.
Cumple también medio año al frente del banco más rentable para todos aquellos que saben que la mayor inversión es la que no hay dinero que la pague. Su vida, y la de los otros 6 administradores del Banco de Tapones de O Baixo Miño dio un giro de 180 grados cuando se constituyeron como la primera entidad crediticia de sueños de Galicia.
Es posible que no supieran donde se estaban metiendo, porque aunque ninguno lo confesaría, el banco les lleva 7 u 8 horas diarias y en algunos casos, como en el de Jesús, una sobreexposición pública difícil de capear. «Es la parte más delicada pero no hay posibilidad de echarse atrás ni de rendirse cuando hay tanta gente ayudando», asegura.
Las cifras, que no son tal sino personas, dan vértigo. De contarse con los dedos de la mano, los amigos del equipo de Suso han pasado a ser 21.000 en cuatro meses. «Sin todos y cada uno de ellos este proyecto sería imposible», afirma. No exagera, porque son el motor de un tren cuya velocidad se incrementa con el capital humano. Entre todos, el banco circula ahora por Galicia a tonelada y media de tapones por semana.
La malla que tejen consigue 214 kilos de tapones de plástico. Al cambio, 6 euros a la hora, 53,5 al día y, un mes entero para poder canjear algún otro sueño. Ahora siguen soñando, coleccionando, o taponeando, con Alma y Jessi. Por cuatro toneladas de plástico, Alma puede compartir mesa con sus compañeros del cole y disfrutar de su baño diario. Se «financiaron» dos sillas y se intenta participar de la hidroterapia que precisa para poder normalizar su vida. 21.000 amigos taponean también para que algún médico le ponga nombre a la enfermedad de Jessi y, con él una cura.
Ya hay otros sueños cumplidos con mayúscula, los de Ángel o Álex. Otros coparticipados, como el de Marta y demasiados por cumplir. «Hay 20 familias y otros tantos niños esperando que podamos coleccionar tapones con ellos; es mucha responsabilidad pero la ilusión de los 21.000 es mayor», dice Jesús.
Un equipo multidiscplinar, que involucra a profesionales de la salud, asesora al banco para priorizar con la mayor objetividad posible cada caso. «A veces es duro y te sientes impotente pero engancha, lo difícil ya lo hacen los niños y sus familias, a nosotros solo nos compensan», asegura.