José María Agude comparte y disfruta en Tomiño de su singular afición, restaurar de forma artesanal y fiel algunos de los vehículos que marcaron época
18 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Fue la imagen de una época, el coche que motorizó España y el fenómeno social de 1957. El Seat 600 es el símbolo de una transformación y, hoy en día, todo un icono para los amantes de los coches clásicos.
Algunos de ellos forman parte también del parque móvil que el ourensano José María Agude tiene en su taller de Tomiño. Este profesor, que tenía seis años cuando los Seat comenzaron a aparecer, es un apasionado de los coches antiguos, «dos da miña época, nos que aprendín tamén a conducir». Su devoción y «nostalxia polas cousas antigas», le inició en el mundo de la restauración de estas joyas de cuatro ruedas, atraído especialmente por los primeros Seat y, en las últimas tres décadas de minuciosos trabajos se ha ido convirtiendo en su principal «hobby, afición y entretenimiento».
José María Agude ha restaurado varias decenas de esos vehículos «que eran un máis da familia». Se bautizó con un Mercedes 170 del año 48, «o que máis traballo me deu e o que me meteu no vicio», recuerda, y ahora dedica casi todo su tiempo libre a su colección. Es un artesano, defensor de la restauración original de los modelos, como salieron de fábrica, lejos de posibles tuneados personales.
Es una labor minuciosa, «na que non se poden contar as horas, engánchate e chegas a collerlle cariño, porque nacen das túas mans», afirma Agude.
Treinta coches
Ahora mismo tiene entre manos unos treinta vehículos, «doce restaurados e os demáis en quirófano, proceso ou desguace». Siete están preparados para circular y, de hecho, se pueden ver en eventos como los encuentros que organiza el club del que es socio fundador, «Populares Baixo Miño», en el que comparten aficiones unos setenta propietarios de estos utilitarios de época. La mayoría de coches que pasan por su quirófano son de amigos o suyos, «son caprichos para os que non reparas en tempos», explica.