Ponteareas y As Neves rechazan una planta de celulosa

Los restos mortales de Antonio Palacios son trasladados a O Porriño


vigo / la voz

Aunque la corporación municipal de Ponteareas aprobó ofrecer terrenos para que se instalase en el municipio una planta de celulosas, la presión popular impidió que se materializase el acuerdo. «Si la llevan a otro lugar se tirarán de los pelos», llegó a afirmar el alcalde José Castro. Y trataron de llevarla a otro municipio. Concretamente a As Neves. Hasta allí se desplazaron técnicos de la empresa Celulosas de Guipúzcoa para explicar a los vecinos las características del proyecto. El rechazo fue absoluto. Ante la agresividad del vecindario, uno de los ingenieros llegó a recordarles que él solo era un empleado, no el dueño de la empresa.

Manuel Valverde accedía a la alcaldía de O Porriño, y en La Voz se destacaba cómo habían cambiado los aires en la casa consistorial. «Llega a las ocho y media de la mañana y les lee la cartilla a los funcionarios», decía un periodista de La Voz de Galicia. Este regidor presenció el incendio de la casa consistorial, obra de Antonio Palacios. Aquel mismo año, retornaron a la villa del Louro los restos mortales de su vecinos más famoso.

En Chaín, Gondomar, los vecinos escribían al obispo pidiéndole la renuncia de su párroco. Decían que su comportamiento era más propio de un cacique que de un cristiano. «En una ocasión estuvo a punto de impedir la marcha de un emigrante al prohibirle cargar los baúles en domingo», señalaban en la carta los vecinos.

Mucho más avanzados se mostraban entonces en A Guarda, ya que su corporación recogía en una publicación todos los avances conseguidos en el pueblo en los últimos dos años. La villa marinera mantenía el pleito del agua con O Rosal. En este municipio, un pleno de la corporación que abordaba el asunto de las captaciones en el Tamuxe, concluyó en la plaza, debido a la gran concurrencia de vecinos.

No fueron menos los vecinos de Cangas que se manifestaron aquel año contra el proyecto del plan de ordenación urbana. Su presión fue tan grande que se vieron obligados a dimitir el alcalde y ocho de sus concejales. Entonces, a la permanente canguesa se la conocía como la permanente familiar debido a que estaba conformada por miembros de una misma familia. Casi un millar de vecinos del municipio firmaban un escrito contra el mal funcionamiento de la Casa do Mar.

En 1976 comienzan las parroquias a reclamar sus derechos en los montes. Los vecinos de Guláns, en Ponteareas, inician los trámites para lograr la propiedad. Reclamaban además que se anulase la concesión a una empresa que plantaba eucaliptos en sus montes. El registro del Gobierno Civil rechazaba la petición porque había sido formulada en gallego.

La población viguesa padecía restricciones en el abastecimiento de agua, y para solucionarlo se había llegado a un acuerdo con el Concello de Soutomaior para bombear agua desde el río Oitavén. En medio de ambos quedaron los vecinos del barrio de Aranza, que a pesar de vivir junto al río, se quedaron sin suministro para regar sus campos.

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