Los intrusos vuelven a las ruinas de la factoría La Artística

Los bomberos han tenido que apagar varias veces incendios entre los escombros. Parte de la fachada y del tejado se cayeron

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vigo / la voz

El edificio de La Artística vuelve a tener intrusos. Hace años el Concello logró sacar a de allí a media docena de okupas. El riesgo para su integridad era evidente después de que se desprendiera parte del tejado de la emblemática fábrica de cromolitografías. El Ayuntamiento tomó medidas urgentes para velar pr la seguridad del entorno. Se tapiaron ventanales y se pusieron candados en las entradas con el fin de evitar que nadie se colara dentro. Pero las medidas no impiden que todavía haya gente que siga entrando en el recinto.

Los vecinos de los edificios colindantes los observan a diario desde las ventanas de sus domicilios. La mayoría son adolescentes. Se introducen en las ruinas del antiguo complejo industrial desde la calle Padre Soler. Saltan un muro por una esquina que se encuentra en el nivel más bajo y ya están dentro. Pintan grafitos, juegan, hacen fotografías para colgarlas en las redes sociales y también prenden hogueras. Hacer fuego representa un peligro por el material inflamable que se acumula entre las toneladas de escombros.

La semana pasada se produjo el último incendio. Portavoces de los bomberos aseguran que ya han tenido que acudir en varias ocasiones a las ruinas por esta misma razón. «El incendio fue poca cosa. Yo llegue aquí y salieron tres chavales. Continuamente hay jóvenes que suben, de 14 o 15 años. Una vez les pregunté qué se les ha perdido ahí dentro y me dijeron que van a divertirse», señala Antonio, vecino de la zona.

Los vecinos están preocupados y reclaman que se refuerce el muro de la calle Soler para evitar que se pueda escalar por el mismo. «No es un espacio seguro para que los jóvenes anden por ahí a su libre albedrío», señala una vecina del sexto piso que los observa casi a diario.

El muro es el único punto débil del cierre del entorno. No tiene más de dos metros de altura y para un menor no resulta difícil sortearlo. En la calle Tomás Alonso se encuentra la parte más moderna de las instalaciones. Pintadas de todo tipo adornan lo que hace unos años fue la entrada de las dependencias de la Policía Nacional. Aquí los candados permanecen intactos. Tampoco desde la calle Coruña hay un hueco entre los huecos de los ventanales tapiados por donde pueda caber una persona.

Abandono

Lo que antaño fue un símbolo de la pujanza industrial de la ciudad hoy en día se encuentra sumido en un completo abandono. Las instalaciones que ordenó construir Eugenio Fadrique a principios del siglo pasado permanecieron abiertas hasta 1994. La multinacional alemana Altana adquirió la firma y trasladó la fábrica a O Porriño, donde siguió con su actividad. En el 2009, los agentes del Cuerpo Nacional de Policía, en López Mora, se trasladaron para trabajar durante tres años en la oficinas en la parte más nueva de la fábrica. Usaron el patio para aparcar los vehículos policiales. Hoy en día se encuentra en manos de Abanca y de la Sareb. Desde que no registra actividad, el deterioro se ha ido acelerando. La falta de mantenimiento ha generado inquietud vecinal. El desprendimiento de parte de la fachada y del tejado del edificio sucedido en 2014 llegó a causar daños en el garaje de un inmueble con seis portales que dan a las calles Coruña y Eugenio Fadrique. Toneladas de cascotes se desplomaron entonces sobre una calle bajo la cual se encuentra el garaje comunitario, cuyo techo cedió. El departamento de Urbanismo adoptó una serie de medidas preventivas para que no volvieran a producirse más incidentes. Tras la retirada del tejado y la limpieza de los cascotes no hubo más sustos, más que los incendios que han provocado grupos de jóvenes haciendo hogueras.

La antigua fábrica de La Artística representa el declive del patrimonio industrial. La fábrica de porcelanas Santa Clara o Alfageme son otros ejemplos de colosos vacíos que podrían contribuir a dinamizar la economía local si estuvieran rehabilitados.

Gran parte de estas fábricas están protegidas por el plan especial de edificios a conservar elaborado en el 1991. A pesar de ello, desde las últimas décadas han sido pasto del saqueo y continúan deteriorándose mientras no aparezcan compradores que estén realmente interesados en su puesta en valor con nuevos usos.

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