El Arousa lleva un par de temporadas bajo el síndrome de la economía de guerra. Un régimen que ha generado numerosos beneficios al club, con el capítulo de deudas prácticamente a cero, pero que también provoca pequeños inconvenientes. El principal, la obligatoria cortedad de la plantilla. Y la línea que más nota en esta temporada estas circunstancias es la delantera. No estaba planificado así, pero justo cuando el club estaba a punto de firmar a un delantero centro saltó la noticia de que las subvenciones del Concello quedaban en nada. Y a Manolo Abalo no le quedó más remedio que prácticamente quitarle el bolígrafo de la mano al hipotético refuerzo cuando iba a estampar su firma en el contrato.
Así las cosas, Ricardo se convirtió en la única referencia en la vanguardia arlequinada. Una referencia de garantías, en todo caso, tal y como demostró la pasada temporada, que cerró con siete tantos en su haber pese a llegar al equipo a mitad de ejercicio. El veterano delantero, que en abril cumplió 39 años, ha sido un fijo en las alineaciones de Lino González. Y también una de las sustituciones habituales, puesto que se fue al vestuario antes de que el árbitro pitara el final en cinco de los seis encuentros que disputó.
Por ello, cuando el delantero vio el pasado fin de semana en Hío su quinta cartulina amarilla las alarmas saltaron en el banquillo. No habría ariete para intentar asaltar el campo de Nigrán. La ventaja con la que cuenta Lino es que ha tenido toda la semana para preparar su ausencia. La opción más lógica sería la de Jonathan, precisamente su relevo habitual, pero el técnico también podría optar por adelantar a Mañas.