El milagro de talla nacional del UD Mos

Puesto en marcha hace cuatro años, el club ha logrado el ascenso en tiempo récord


vigo / la voz

Apenas cuatro años después de pasarse al fútbol-11, el UD Mos ha logrado el ascenso a Primera Nacional femenina. Una carrera meteórica que el equipo que dirige Telmo González comenzó sin ninguna pretensión parecida a la realidad que ahora tienen ante sí. «Cuando llegamos Mos había cinco o seis jugadoras y nos fusionamos con el Pazos de Borbén para poder tener equipo de fútbol 7», dice el que ha sido todos estos años y sigue siendo su técnico. «Hemos ido mucho más rápido de lo que podíamos imaginar», confiesa. Tanto, que ahora cuentan con equipos de base y 100 fichas femeninas.

Considerados ya un referente del deporte mosense antes de este logro, González atribuye el éxito al trabajo en equipo. Huye de protagonismos y prefiere poner el foco en sus jugadoras, en primer lugar, y en el resto del cuerpo técnico después. «El club ayudó mucho. Apostó por el fútbol femenino cuando aún no estaba de moda», indica. Porque aunque sigue siendo complicadísimo para las jugadoras compaginar fútbol con trabajo e incluso maternidad, en los últimos tiempos constata que el fútbol femenino «ha cogido aire».

Otra de las grandes claves de que las piezas del puzle del Mos hayan encajado está en los vínculos que se han creado entre todos. «Aunque suene a tópico, intentamos llevar los equipos a un nivel familiar. Tenemos una relación muy fuerte, entre las jugadoras y con el cuerpo técnico. Para nosotros lo más importante es tener un grupo humano donde haya buen ambiente», recalca. Además, considera que eso es también lo que mueve a las jugadoras. «En el fútbol masculino, arrastras a los jugadores pagándoles, pero aquí eso ni existe».

González no oculta que el objetivo era el ascenso después de haber disputado la fase la pasada campaña, pero no contaba con lograrlo ya este curso. «Era nuestro tercer año en la categoría y no es lo normal. Pero este año, después de llegar a la fase el pasado, nos lo creímos más y se dieron los factores», comenta. Entre ellos, que jugadoras que tuvieron ofertas de Nacional decidieron seguir en Mos y luchar con el equipo para el billete a esa categoría. «Es un orgullo que apostaran por nosotros», proclama.

No cabe duda de que hubieran preferido lograrlo en el campo, algo que están seguros de que iba a haber ocurrido de no ser por la pandemia. «Tenemos entre alegría y un poco de sinsabor. Cuando pasó esto íbamos primeras a cuatro puntos del segundo, que es un filial como el tercero y no podían ascender. Se veía cerca, lo teníamos encaminado», dice.

La idea del próximo curso está clara: «Mantener el bloque y sufrir». Un reto más del que tratar de salir airosos.

Kily, Vane y Yoli, las tres capitanas del barco hacia el ascenso

Kily Pérez, Vane Rodríguez y Yoli Lago son las capitanas del Mos. Jugadoras experimentadas en un equipo donde predomina la juventud y que han disfrutado de lo lindo con este sueño hecho realidad. Su entrenador destaca el papel que han tenido en este logro las tres, que a su vez apuntan al técnico como parte imprescindible.

A sus 37 años, Yoli ha decidido colgar las botas con lo que considera un «broche de oro». «Ya estoy mayor para el fútbol, pero me retiro feliz cumpliendo este objetivo de ascender. Cuando empecé a jugar no me imaginaba ni en broma llegar a Nacional», indica. Aunque le hubiera gustado conseguirlo y celebrarlo sobre el terreno de juego, la alegría ha sido igualmente inmensa. «Estoy orgullosísima de esto y acabo feliz mi vida futbolística. Doy gracias a mis compañeras, al entrenador y al club, porque todo trabajo duro tiene su recompensa», señala. Del grupo dice que son «una piña» y considera que «eso influyó desde el principio para ir subiendo».

Con 39 años, Vane también se plantea dejarlo. Casada con el técnico del equipo, tienen dos niñas. «Estamos los dos metidos y uno va a tener que sacrificarse. A mí me gusta demasiado para dejarlo. Llevo casi 30 años jugando y hacerlo en Nacional sería la leche», indica. Aunque asume que «a veces las circunstancias te obligan». Ella valora más si cabe lo que han logrado cuando echa la vista atrás. «Cuando empecé no había las facilidades que hay ahora. Tenías rivales en el campo y fuera, porque todo eran pegas para el fútbol femenino. Pasé mil peripecias», comenta. Por eso si tiene que dejarlo, como ya hizo dos veces por maternidad, lo hará contenta de lo vivido.

Kily, la única de las tres que ya tiene experiencia en Nacional, aún no ha decidido su futuro. Pase lo que pase, hace un balance muy positivo de sus dos años en el club y ensalza la figura de Telmo. «Para mí es el máximo culpable. En el tiempo que lleva el equipo, siempre estuvo ahí, es quien hace las plantillas y rompe la cabeza a las jugadoras como hizo conmigo todo un verano», recuerda. A ella le mereció la pena. «Es muy destacable su trabajo, cómo nos trata y nos entrena», agradece.

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