Jugadores y directivos del Alerta de Mos, de Tercera Regional, ejercen de cuidadores del campo ante la falta de ayudas
22 sep 2017 . Actualizado a las 11:39 h.Las instalaciones de Cerqueirás se les caen encima. Los montes de los vecinos invaden sus porterías, los jugadores gradan el campo antes de cada partido e incluso los rivales les han dejado algún recado en forma de pintadas en los vestuarios después de limpiarse la tierra de las botas en las paredes. Puede parecer un infierno, pero todo esto y más es lo que implica para los jugadores del Club Alerta de Sanguiñeda (Mos), de Tercera Regional, el mantenimiento de su actividad.
El campo es propiedad del club, pero no se reforma desde los años 70 y los escasos recursos de la entidad impiden asumir cualquier nueva acción más allá de lo que hace con sus propios medios. Incluso lavar la ropa en sus casas desde que la lavadora con la que contaban se averió y no había dinero para comprar otra. La promesa de la municipalización del campo por parte del Concello nunca acaba de materializarse y aunque desde el Alerta se conformarían con que les presten una de las cuadrillas de limpieza al principio de temporada, no han conseguido ni eso.
«Teníamos categorías inferiores y nos fuimos deshaciendo de ellas porque era imposible mantener a los niños en esas condiciones», señala la presidenta, María Pereira. Sin embargo, se resiste a que pase lo mismo con el primer equipo por mucho esfuerzo que cueste. «Los chavales merecen mucho la pena y no voy a ser yo quien les cierre la puerta. No pedimos un estadio, solo mejorar en la medida de lo posible y un poco de ayuda. Mientras haya chicos que quieran jugar, seguiremos», garantiza.
Entre esos chicos está uno de los capitanes, Aitor Rodríguez, que asegura que colaboran por gusto y recuerda que nadie les exige el trabajo que hacen. «Los beneficiados somos nosotros. Somos un grupo de amigos que se juntan para jugar al fútbol y no nos importa ayudar». Lo que sea por seguir jugando al fútbol.