Al igual que en otros centros del mismo tipo, el de Moaña se divide en circuitos en los que se ofrecen fórmulas de relajación y terapias basadas en los masajes, envolturas y chorros de agua. La directora, Noemí Íñiguez, muestra orgullosa las instalaciones aún por estrenar, indicando los curiosos nombres de cada sala. Las saunas húmedas pueden ser termas romanas o baños turcos. La seca, la finlandesa. Pasa por una «ruta revitalizante» antes de llegar a las camas térmicas, ayer apagadas, y el flotarium. En otra ala del edificio está el club termal con su «piscina dinámica», en la que hay un cuello de cisne, una cama de burbujas o el habitual jacuzzi. Sobre ella está la piscina de «chorro contracorriente» para relajar piernas, abdomen y la zona lumbar. Al fondo están la piscina infantil y el gimnasio.
En la planta baja está el área terapéutica, en la que las profesionales darán masajes y envolverán a los clientes con algas, aceites y también chocolate antes de llevarlo a a sala de relajación, cuyo techo, de fibra óptica, simula una franja del firmamento.