La reacción del cobarde es huir, tapar, esconder. Pero ¿cómo se tapan dos cadáveres? ¿Cómo se esconden dos muertos? Creemos que la vida es un videojuego. Hemos perdido el sentido común, el sentido que sostiene los demás. El piloto del Citroën que mató a dos seres humanos en Gondomar y se dio a la fuga tiene que pagar. Huyó el de Gondomar. Los árbitros de Cantabria escondieron entre los matorrales a sus dos compañeros. En Benidorm un chico mató a una chica por escapar del control de alcoholemia. En la guerra del asfalto hay cada vez más comandos que dejan un rastro de dolor y muerte. No es azar. Los coches son máquinas de matar si los conducen pilotos que aprietan el gatillo, el acelerador. ¿Seremos tan insensibles como las máquinas que llevamos? Tenemos la inteligencia del tapón del delco.