Víctor, el honrado trabajador de la limpieza de Cangas que devolvió un bolso con 11.000 euros

CANGAS

Óscar Vázquez

«Seré pobre, pero la humildad y la honradez me la enseñaron en casa desde niño», explica este hombre de 57 años

21 sep 2022 . Actualizado a las 09:15 h.

El noble gesto de un vecino de Cangas ha posibilitado que un matrimonio de Vigo haya podido recuperar «los ahorros de una vida». Víctor Montes Prado, de 57 años, se encontró ayer un bolso en un banco de piedra y no dudó ni un minuto en entregarlo a la Policía Local. «Fui a recoger a mi hijo para llevarlo a Vigo al tren, porque estudia en Madrid y, en cuanto bajé del coche, ya vi el bolso. Estaba abierto y tenía una cartera dentro, pero no quise remover más y fui directamente a la jefatura de la Policía Local de Cangas a devolverlo», explicó a La Voz. «Si el dinero no es trabajado ni ganado por uno, no es dinero. A mí me daba igual la cantidad, no era mío y lo correcto era devolverlo, porque sino sería un ladrón», defiende sin titubear.

En el interior del bolso había varios sobres con billetes de 50 euros. Mil euros por paquete que sumaban 11.400 euros. Víctor solo supo la cantidad después de que la policía le advirtiera que era «mucho dinero» y resta importancia tanto a su gesto como al monto económico insistiendo en que era una cuestión de conciencia. «Es el karma y mi conciencia jamás podría estar tranquila. Sin embargo, después dormí como hacía mucho tiempo», reconoce este samaritano cuyo sueldo anual como empleado del departamento de la limpieza del Concello de Cangas no llega a la cantidad que se topó y devolvió al minuto.

«Yo soy un trabajador del contrato del servicio de limpieza que solo le pido a la vida trabajo, salud y poder estar tranquilo», manifiesta este vecino, que aunque nació en Vigo, reside en Cangas, de donde era natural su padre. Estuvo trabajando en el extranjero hasta que regresó a Cangas en el 2000. Su mayor aspiración es encontrar un trabajo estable y por ello está pendiente de la oposición que va a sacar el Concello.

Su mayor recompensa, asegura, es, además de tener la conciencia tranquila, el haber sabido y compartido la alegría de los legítimos propietarios del dinero.

«Estoy contentísimo de haberlo devuelto porque además los dueños son unas personas excelentes. Están jubilados y son humildes como yo, así que estoy feliz», reconoce este ejemplar vecino sorprendido por las muestras de agradecimiento y reconocimiento que recibe ante para lo que él era «lo que había que hacer».