Casco viejo y parque de A Palma, los sitios más conflictivos
11 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Adaptar las calles de Baiona para personas invidentes es una asignatura que el Ayuntamiento todavía tiene pendiente. Las personas que no pueden ver tienen unas enormes dificultades para moverse por la villa. Muchos pasos de peatones no cuentan con los relieves circulares que indican a quienes se guían con la única ayuda de un bastón que se encuentran ante un cruce de carretera. Los carteles publicitarios que algunos hosteleros colocan en la vía pública constituyen verdaderas trampas para personas como Encarnación Moreira, una mujer de 45 años que perdió el sentido de la vista hace cinco años. «Me tropiezo con motos, con bicicletas y en verano es peor, cuando las terrazas se ponen de doble lado, me voy comiendo mesas, sillas y demás», señala. Las calles del casco viejo y el parque de A Palma son, en su opinión, los espacios más conflictivos para las personas ciegas. La causa es que el suelo no es uniforme. Hay baldosas sueltas que representan un riesgo. La calle está llena de peligros para personas como ella. Tal vez por eso prefiere no salir mucho de su casa, en la calle Ramón y Cajal. «Doy la vuelta a la manzana y poco más», afirma. Asegura que como ya vivió unos años antes de quedarse ciega, «tengo un mapa mental del municipio». Pese a ello, hay situaciones que le superan. Por ejemplo, muchas papeleras. «El bastón pasa por debajo y yo me la trago», protesta. Hace poco tiempo tropezó con el cartel de un restaurante y «casi me mato» asegura. En otra ocasión estuvo a punto de caerse por las escaleras a la playa Ribeira desde el paseo marítimo.
«Los ciegos en Baiona no tenemos derecho a nada», lamenta. Pone el caso de sus compañeros que venden el cupón de la Once en la calle. Llevan años reclamando poder colocar un puesto cubierto para protegerse de la lluvia, del viento y del frío en la calle Elduayen. Pero el ayuntamiento se lo niega porque estas instalaciones incumplen la normativa urbanística. «Los tratan como si fueran mendigos y son trabajadores», señala Encarnación, que también echa en falta libros en Braille en la biblioteca.