El marisqueo se extingue en Baiona

Monica Torres
mónica torres NIGRÁN / LA VOZ

BAIONA

El futuro del sector peligra: solo quedan 4 profesionales de los 40 de hace una década

10 mar 2016 . Actualizado a las 12:05 h.

600 euros por quince días de trabajo al mes, como autónomo y en horario de 8 a 14.00 horas. Esta oferta de empleo convocada en Baiona ha expirado sin que nadie se postulara. La falta de relevo generacional pone en riesgo el futuro del marisqueo en Baiona, un sector que «agoniza por el cierre de la foz del Miñor». Lo dice Celeste González Costas, presidenta de la asociación de mariscadoras de la Cofradía A Anunciada. Es la veterana del grupo que resiste con una plantilla de siete personas, pero solo cuatro en activo. Las otras tres están de baja prolongada.

Cuando Celeste se enfundó por primera vez el traje de aguas y raspón en mano comenzó a recoger bivalvos en O Val Miñor, en el grupo eran medio centenar de mariscadoras. 16 años después, el equipo que ayer faenaba en la playa de Ribeira se redujo a cuatro, todos vecinos de Nigrán y con edades comprendidas entre los 25 y los 49 años que tiene ella.

El más joven es el único varón y el menos ducho con la azada. Andrés Martínez lleva solo siete meses mariscando y, aunque expresa su satisfacción por poder trabajar en el mar, admite que lo que realmente le interesa es ir al percebe, por mejorar el rendimiento económico. Ahora está en lista de espera para entrar como percebeiro, así que será una de las próximas bajas de la plantilla de playa. «Es bastante duro físicamente, pero el trabajo me encanta por poder estar en el mar», explica este joven administrativo. La falta de experiencia descuenta también en la caja del mes. «Es mejor que estar en paro y además cotizas pero no te da para un sueldo», lamenta mientras trabaja.

Las otras dos mujeres llevan tres años en la cofradía. Esperaron a que sus hijos estuvieran criados y se unieron al grupo «por la urgencia de volver a trabajar y cotizar», indica Mari Mar. Hija de padre marinero y madre mariscadora, es la única en la plantilla que continúa la saga familiar. «Se gana poco y supone un gran esfuerzo físico, acabas agotada cada día, pero ganas libertad, tiene que engancharte el mar para trabajar», destaca en plena faena. A su lado busca almeja Victoria González, hermana de Celeste. También destaca el esfuerzo a cielo abierto, haga sol, frío o llueva. «Es imprescindible poder cotizar así que, aunque sea duro, hay que trabajar», apunta.

El detonante que aceleró este declive fue el cierre al marisqueo de la foz del Miñor hace ya una década por alta contaminación. «Si la foz estuviera abierta, podríamos estar trabajando tranquilamente cuarenta personas», insiste Celeste González, apelando a un entendimiento entre todas las administraciones implicadas para que pueda sanearse el mayor banco marisquero de la comarca. No solo está vetado sino que, al no trabajarlo, destacan, no se remueve ni se sanea por lo que se acaban las especies que hubo hasta ahora en esa franja.

Celeste, que se confiesa «una apasionada del mar», disfruta de su trabajo. «Es verdad que te tiene que gustar y tener fuerza física, las condiciones son duras pero son doce días y, si sacas de media 600 euros, siempre queda aún tiempo para completar la paga con otras cosas», defiende en busca de ese relevo generacional que no quiere dar por perdido.

La veterana de Ribeira Sostiene que «el trabajo tiene mala fama y es duro, pero gratificante. Vuelves reventada a casa, pero anímicamente es menos estresante que otros».

Son autónomos así que de las ganancias que consigan a peso siempre han de descontar unos 200 euros. Producto no falta, aunque los resultados varían según la habilidad que da la experiencia. Solo Celeste consigue los topes, que están en 4 kilos por día de almeja fina, uno más que antes del cierre de la foz para compensar, y otros tantos de babosa y berberecho.

La jornada acaba hacia mediodía en la lonja para seleccionar todo el producto recogido antes de ir a la depuradora. Los bivalvos que no dan la talla se devuelven directamente al mar. Desde hace años, es el mismo comprador el que acude a diario a recoger la mercancía, que se va para fuera del municipio. Mientras haya mariscadores.

«Esto es mejor que estar en el paro ya que cotizas, aunque yo estoy en la lista para ser percebeiro»

Andrés Martínez