Un ciudadano llama a seis instituciones para salvar a un animal herido... y no lo consigue
13 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Podría haber sucedido cualquier día en cualquier sitio, pero circunstancialmente sucedió en Vigo hace un par de semanas. Nada extraordinario: una persona camina cerca del Náutico y los jardines de Elduayen y ve una gaviota joven que no está bien. No muestra síntomas externos (ni cojea, ni parece tener un ala rota ni heridas visibles) pero está apática, apenas se tiene en pie, cuando alguien se le acerca intenta escapar, pero es incapaz de levantar el vuelo. Es evidente que algo le pasa y ese algo no es bueno. ¿Y si fuera gripe aviar o algo similar?
Nuestro cívico ciudadano, concienciado con estas cosas del cuidado del medio ambiente y el bienestar animal, se preocupa y decide que debe hacer algo. Aplicando la lógica y al tratarse de un ave silvestre, decide seguir el protocolo —o protocolos— aplicables en estos casos y, a partir de aquí, empiezan a torcerse las cosas.
La primera llamada es al centro de recuperación de fauna silvestre de Carballedo, responsable a nivel provincial de la atención a los casos de animales silvestres enfermos o heridos. Le cuesta localizar el número —la Xunta no se esfuerza lo más mínimo en divulgarlo—. Allí le indican que hasta bien entrada la tarde no puede ir nadie a buscar la gaviota. Es media mañana.
Nuestro protagonista humano les indica que lo más probable es que mucho antes la atropelle un coche, o la ataque un perro, o le pegue una patada alguien, pues las tres cosas, las tres, han estado a punto de suceder en el tiempo que lleva pendiente de nuestra amiga. Es lo que hay, le vienen a decir en el centro de recuperación.
Siguiente llamada, a la policía local. Allí le dicen que para estas cosas llame al 010, el teléfono de información municipal, en un curioso bucle en donde a su vez le dicen que quizás al día siguiente por la mañana pueda ir alguien a recogerla.
El tercer intento es con el Seprona de la Guardia Civil. No hay ningún agente disponible ni lo habrá a lo largo del día.
Ya bordeando la desesperación, nuestro frustrado héroe observa que en ese momento pasa por allí un coche de la Policía Nacional. Lo para en busca de ayuda. Los agentes le indican que esa zona pertenece al puerto, por lo que la Autoridad Portuaria debería (lo dicen en condicional) hacerse cargo. Busca el teléfono de contacto y llama a la Autoridad Portuaria. Le aclaran que no es asunto suyo y, que en todo caso, llame a la Policía Local.
La desesperación le lleva a recurrir al 112, donde muy amablemente le indican que llame al centro de recuperación de fauna silvestre, con lo que el círculo se cierra.
Entre unas cosas y otras han pasado un par de horas y nuestro ciudadano tiene que coger un tren, por lo que intenta conducir a la gaviota a un lugar relativamente seguro entre unos arbustos de los jardines. Con gran dolor, no le queda otra opción que dejar a la susodicha abandonada a su suerte pues, ya se lo imaginarán, todos sus intentos de convencer a quienes pasaban por allí para que consiguieran al menos una caja donde meterla y hacerse cargo de la gaviota hasta que alguien pudiera venir a recogerla fueron infructuosos.
Más adelante supo que algún agente de medio ambiente acudió por la tarde y evidentemente ya no la encontró. Seguramente algunos pensarán que solo era una gaviota, que son una plaga, que se muera alguna es incluso mejor. Para quienes sigan con ese pensamiento mágico, recordemos que, aunque no lo crean, la gaviota patiamarilla está al borde de la extinción, con una pérdida del 92 % de su población en las Cíes y del 85 % en Galicia en solo veinte años.
En Vigo —donde se retiran sus nidos en plena época de cría— las administraciones siguen sin considerar prioritaria su conservación y no se coordinan mínimamente. Quizás lo piensen cuando se extingan.