De Cíes a San Simón sin límites

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Javier Mérida, tras finalizar el Gran Rande.
Javier Mérida, tras finalizar el Gran Rande.

Javier Mérida, paratriatleta andaluz amputado de una pierna, recorre a nado la distancia del Gran Rande, 27 kilómetros ida y vuelta, en 17 horas

24 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Javier Mérida, paratriatleta marbellí nacido en 1973, lleva seis ediciones participando en la Batalla de Rande, prueba que consiste en recorrer a nado la distancia entre las Cíes y San Simón. A raíz de ello, le surgió el reto de hacer la distancia ida y vuelta, 17 horas sin interrupción  —aunque había estimado que le llevaría unas veinte— para completar lo que se conoce como Doble Rande. Lo logró este miércoles, con la particularidad de que este deportista extremeño sufrió hace 16 años la amputación de una pierna.

A lo largo de todo este tiempo desde que perdió el miembro en un accidente —fue atropellado—, procura hacer un reto al año con un doble objetivo: «Sobre todo, demostrar que todos podemos tener un accidente en cualquier momento, perder un brazo, una pierna u otra de nuestro cuerpo y no tiene que ser algo que te impida practicar un deporte ni tener una vida normal, útil, de familia, con los niños, la compra, entrenamientos… Puedes seguir siendo la misma persona», apunta. Y, de esta manera, también,«dar visibilidad a la discapacidad». Ya tenía en su haber la Triple Corona de natación en aguas abiertas ((el Canal de la Mancha, el Canal de Catalina y la vuelta a nado a Manhattan); el Canal de Beagle, en Ushuaia, y un intento en el lago Ness, frustrado por la hipotermia.

Llevaba un par de años dando vueltas a este desafío, dentro de su filosofía de no dejar nunca de buscar «nuevos retos, travesías, cosas nuevas para hacer». Entre cuatro posibilidades que manejaba, esta era la que más le seducía. Aunque sabía que no iba a ser fácil y no se equivocó. «En las travesías largas, siempre tienes esos momentos de estar a punto de retirarte. Pero gracias al equipo que llevo siempre, que me ayudó, me empujó y nadó conmigo —llevaba dos nadadores espejo—, pude conseguirlo», agradece. Hasta el punto de que dice ser «un participante más del equipo, de un reto compartido», aunque sea el que acapara los focos.

Las condiciones climatológicas fueron «espectaculares», con buen mar y buena temperatura del agua y exterior. No obstante, los problemas vinieron de su cuerpo, con el hombro resintiéndose a partir del kilómetro 25, calcula. «Me planteaba abandonar, pero mi equipo me fue engañando, me decían: ‘Cinco minutos más, cinco minutos más'. Y cuando te das cuenta, van un montón de ‘cinco minutos' y ya has llegado. Me molestaba, pero el equipo funcionó a la perfección», afirma. Incluido al equipo de la Batalla de Rande, y en especial, Aitor de Luis, «la cabeza pensante».

Mérida explica que al faltarle una pierna, lo compensa haciendo más fuerza con el brazo derecho, de ahí que sea siempre donde sufre más dolores. «El cuerpo va equilibrando. Igual que cuando hago bicicleta, la pierna izquierda es la que hace todo el esfuerzo y más se cansa y se llega a resentir», ahonda. En el caso de la natación, detalla: «Ese brazo intento alargarlo un poco más para compensar la patada que no doy con la pierna que me falta y por ahí viene. Nada que no se pueda arreglar con tres o cuatro días de descanso», asegura.

El deportista comenzó el reto a las 3.49 y llegó a las 21.05. Se había preparado nadando cuatro o cinco días a la semana e incrementando los metros semanalmente para ir «cogiendo fondo y aclimatación al agua fría», aparte de trabajar musculación y fuerza y hacer la propia Batalla de Rande, los 27 kilómetros, y tiradas largas en julio, más la Vuelta al Hacho, en Ceuta. «Cuando terminas, es un orgullo y una satisfacción increíble», además, disfrutando de saber en los últimos tres kilómetros que tenía margen. Tardó 17 horas y 16 minutos.

El accidente

Fue en el 2008 cuando Mérida sufrió la amputación de la pierna. «Me atropelló un coche, salí despedido y nunca perdí el conocimiento. Me dijeron que había posibilidad de reimplantar. Respondí que me llevaran al hospital más cercano y no en helicóptero, que me daba igual la pierna, que lo que quería era estar vivo», relata. Porque temió por su vida y eso le hizo tener una actitud positiva. «Tuve la suerte de salir de esa y hasta ahora, que hicimos los 54 kilómetros en la Ría de Vigo», dice con una sonrisa.

Además, el deporte ya formaba parte de su día a día antes de este suceso. «He sido deportista toda mi vida e incluso cuando tuve el accidente, mi vida laboral era giraba en torno al deporte, ya que era profesor de pádel y de tenis en en un club de San Pedro Alcántara, en Marbella», recuerda. Aunque no competía tan habitualmente como a partir de ese momento, sí hacía gimnasio y corría. Actualmente, trabaja en la sección de Deportes del ayuntamiento de Marbella.