El control de las protestas en el puerto llevó a la propia patronal a realizar por su cuenta la carga y descarga de los buques
15 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El ambiente laboral en noviembre de 1919 en Vigo era algo más que tenso. La patronal y la Federación de Trabajadores mantenían un pulso que había llevado a los primeros a cerrar varias fábricas, dejando en la calle a numerosos trabajadores, y a paralizar la carga y descarga de barcos. El descontento de los obreros se fue materializando con la amenaza de una huelga general en la ciudad. El gobernador civil trató de mediar en el conflicto, aunque sin éxito.
«Trabajadores, cumplid fielmente las órdenes que os dé el comité local. A la huelga con todas sus consecuencias. ¡Viva la organización proletaria que los patrones quieren destruir!», concluía el comunicado emitido el 27 de noviembre de 1919 por la Federación de Trabajadores. A las doce de la mañana de ese día se declaraba la huelga general, abandonando el trabajo los obreros de todos los gremios. Los únicos sectores que se mantuvieron en sus puestos fueron el ferroviario, la fábrica de gas y el de electricistas.
El Concello de Vigo trató de mediar en el conflicto pero, ante su incapacidad, volcó todos sus esfuerzos en mantener provistos los mercados de alimentos básicos, como las legumbres, el pan o la leche. Los periódicos locales no volvieron a salir a la calle hasta finales de diciembre, cuando concluyó la huelga. El día 29 de noviembre llegaban a Vigo cuarenta guardias civiles para reforzar la seguridad. Al mismo tiempo comenzaban a sucederse los incidentes. Algunos tranvías fueron apedreados, mientras que los vehículos que trasladaban alimentos de los alrededores tuvieron que ser escoltados para garantizar su llegada a la ciudad.
El 1 de diciembre, en Teis, unas personas apedrearon un automóvil que transportaba leche. Los guardias civiles que escoltaban el vehículo salieron en persecución de los huelguistas, que encontraron refugio en una taberna. Allí, los guardias fueron recibidos a pedradas, por lo que el propietario fue detenido.
En el puerto, el control de los huelguistas era tal que los patronos tuvieron que descargar ellos mismos los buques que recalaban en Vigo. En la prensa madrileña se decía que el tráfico marítimo estaba gravemente dañado. Con ayuda de esquiroles, el 8 de diciembre los patrones llevaron treinta camiones al puerto para distribuir mercancía acumulada por los muelles. El periódico Vida Gallega publicaba días después, ya acabada la huelga, un reportaje de los patronos trabajando en el puerto, en el que aparece un tal Pepe, el Negro, al que califica de famoso esquirol «que repelió a tiros una agresión», se indicaba en el pie de foto de la publicación.
Mientras, la industria estaba cerrada y la hostelería resistía con sus propietarios haciendo de camareros. El 14 de diciembre toda la flota pesquera de la ría seguía amarrada y las fábricas de conservas, paradas. Solo algunos barcos salían a faenar, tripulados por sus propietarios con algunos esquiroles. El Concello de Vigo contrató a uno de estos armadores para que saliese a faenar y le proveyese de pesca para ser vendida en locales municipales. Al mismo tiempo, se sucedieron varios atentados que solo causan daños materiales. La noche del 15 estallaba un petardo en la lonja de O Berbés; el 19, fue lanzado un explosivo contra La Metalúrgica que causó destrozos en una pared; el 20, el objetivo de los artefactos fue el taller de mecánica de Isidro Lluque y un almacén de muebles situado en Velázquez Moreno; y el 23 por la noche, pusieron una pequeña bomba en un pesquero. A partir del 23 de diciembre, la huelga pierde fuelle y son muchos los obreros que se reincorporan. Por fin, el día 27 se normaliza la situación, volviendo a salir a la calle los periódicos locales. El comité de huelga decidió suspender el paro general, que había durado cuatro semanas y puso contra las cuerdas a toda la patronal viguesa a costa de mucho sufrimiento de los obreros.