Los montes Alba y Cepudo, en Valadares, reúnen un extraordinario conjunto de esculturas contemporáneas
14 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.En pocos lugares de Galicia se conjuga la belleza natural y la creación artística humana como en el conjunto montañoso formado por el Alba y el Cepudo, ambos picos en la parroquia de Valadares. El lugar es perfecto para conocer, desde una perspectiva aérea, la conformación de la ciudad de Vigo y su contorno, especialmente la ría y las islas Cíes. Desde ambos montes la panorámica adquiere el verdadero sentido de la palabra, no en vano, el Cepudo es la cima más elevada del municipio de Vigo, ya que el punto más alto del Galiñeiro ya pertenece a Gondomar.
A estas excelentes vistas panorámicas se le une la posibilidad de realizar pequeñas rutas de senderismo aptas para casi todas las personas. Incluso, en determinadas épocas del año se puede asistir a manifestaciones etnográficas de gran atractivo, como son las tres romerías que se celebran en el Alba desde mediados de agosto hasta comienzos de septiembre.
Pero además, el Alba y el Cepudo tienen un valor añadido de gran consideración. Viene dado por la presencia de varias esculturas realizadas por artistas internacionales, en dos tramos, desde hace veintiséis años.
Todo nació de la comunidad de montes de la parroquia. Animada por el artista local Remixio Davila, organizó un encuentro internacional de escultura que tenía como objetivo conjugar arte y naturaleza. Varios escultores y escultoras de distintas nacionalidades europeas estuvieron quince días, en agosto del 1999, realizando sus proyectos en Valadares.
Varias de aquellas obras están en distintos puntos de estos dos montes vigueses y muestran las distintas tendencias escultóricas existentes en Europa en el cambio de siglo. Años después, la Comunidad de Montes de Valadares incidió en el mecenazgo, aunque en aquella ocasión con apoyo institucional. Fue en el 2008, ya con la intención de desarrollar el tema arte y tecnología. Algunas piezas también se sitúan en el mismo entorno, mientras que otras se pueden ver junto al auditorio de Valadares, en Navia y en Balaídos.
Antes de afrontar el tramo final de ascenso a las dos cumbres del Alba y el Cepudo, poco antes de llegar al restaurante Sanatorio do Alba, se sitúa el primer balcón natural desde donde admirar el paisaje. Desde 1999 se le conoce como O Chan das Esculturas porque allí se sitúan las cinco primeras obras resultantes del encuentro patrocinado por la comunidad de montes.
De las piezas pertenecientes a la primera convocatoria, la desarrollada en 1999, en ese espacio se puede ver Pirámide del tiempo, de la escultora rumana María Marcela Branea (Bucarest, 1956). Es un bloque de granito cuya parte superior está cuidadosamente pulida, contrastando con el aspecto natural de la zona inferior. Cerca se sitúa Croios de mar, del artista israelí Moshe Perelman. La italiana Maria Assunta Karini dejó su obra en el lugar con el título Ofrenda. Un poco más escondida está la pieza denominada Receptáculo solar, realizada por el artista madrileño Eduardo López Coira. Labrada en granito rosa Porriño, la escultura esquematiza un dolmen.
En este mismo espacio se pueden encontrar la composición Bull Ship, del turco Kemal Tufan, obra ya perteneciente al segundo simposio, el realizado en el año 2008.
Para continuar este recorrido es preciso ascender hacia la cima del Alba, el monte que queda a la izquierda del camino. En un nivel más bajo de la ermita se halla la obra Porta orgánica, del artista portugués João Antero, realizada en 1999. El lugar ofrece una amplia visión de Baiona y cabo Silleiro. La pieza simula una puerta bajo la que se sitúa un árbol pétreo del que brota una pieza de granito negro pulido.
Para continuar el paseo entre esta naturaleza salpicada de arte hay que dirigirse hacia el monte Cepudo, situado a pocos metros del Alba. Con sus más de 500 metros de altura, es la cima más alta de Vigo.
En la última curva antes de llevar al restaurante Mirador do Cepudo se encuentra Metamorfose, del escultor de Valadares Remixio Dávila. Con granito, poco pulido, y una estructura de metal, el escultor presenta un instrumento de cuerda, que tiene como fondo la inmensidad panorámica de la ría.
Justo detrás del pequeño parque infantil se muestra la pieza titulada Atravesando o paso, del lituano Igor Brown, también nacida del encuentro de 1999. Y un poco más adelante, justo en el arranque de unas escaleras que se dirigen a la cima del monte, se encuentra Sílex, de la italiana Antonella Tiozzo, una pieza que remite a las herramientas prehistóricas.
Detrás del restaurante, en dirección a la antena que se levanta a escasos metros, se sitúan otras tres piezas. La primera es Itinerario 1999, de la canaria Ana Olano Sans. Le sigue Natureza e cultura, de Xavier Dobao, la síntesis del encuentro artístico de 1999. Y un poco más cerca de la antena aparece Paisagem nº4, de la artista portuguesa Filomena Almeida. Este banco artístico, compuesto por tres elementos graníticos, pertenece a la convocatoria realizada en el año 2008.
Auditorio
Por aquello de completar el parque de esculturas contemporáneas de la parroquia de Valadares, una vez concluido el paseo por los montes Alba y Cepudo se puede acudir al aparcamiento del auditorio del centro vecinal de esa misma parroquia. Allí se puede ver una pieza de granito titulada Soif. Fue realizada en el año 2008 por la artista lituana Virginija Babu?yte-Venckuniene. Muy cerca, Remixio Davila volvió a incidir con la pieza titulada El violonchelo en las formas utilizadas en su obra Metamorfose. Fue realizada para el simposio internacional de 2008. A su lado, se sitúa Encontro, del artista alemán Jörg Plickat.
A Navia fue llevada la escultura de Yann Liébard titulada Hathor, mientras que en Balaídos está Feil, realizada por Matrero en el 2008.