Un vínculo indestructible con el voleibol

MÍRIAM V. F. VIGO / LA VOZ

VIGO

XOÁN CARLOS GIL

Exjugador, Nando Fuentes llegó a entrenar al primer equipo y ahora dirige la sección femenina del Club Vigo

03 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Nando —subraya que nadie le llama Fernando— Fuentes (Vigo, 1960) pertenece a una familia de cuatro hermanos en laque todos los chicos jugaron al voleibol. Él es el pequeño y a base de ver a los demás, tuvo claro que él también quería. «Era un momento en el que había muchísima afición en la ciudad con los Maristas y, quieras o no, vas entrando. Empecé con diez años y fui pasando por todas las categorías hasta llegar a División de Honor», recapitula quien hoy es coordinador de la sección femenina del Club Vigo, entrenador de uno de sus equipos y directivo.

Recuerda a su hermano mayor a las órdenes de Floriano, «que era otro chaval; ahora lo piensas y era otro estudiante», aunque la percepción de un niño entonces era otra. «Él se hizo responsable y después llegó Guillermo Touza como profesor al colegio y fueron sacando el proyecto hacia adelante», apunta. Se acuerda de «ir a verlos jugar en el antiguo frontón de Vigo contra equipos como, bueno, el Real Madrid, Atlético de Madrid o Barcelona, que antes tenían sección de voleibol». Y a los diez años, comenzó a jugar él.

Las primeras vivencias de voleibol de Fuentes están asociadas a los recreos e incluso a casa. «Era el deporte familiar. Teníamos balón y jugábamos. Fui subiendo de categorías bastante rápido y a los 18 ya estaba en División de Honor», cuenta. En un momento dado, lo dejó temporalmente, pero volvió hasta su retirada, con 33, y ahí se centró en la faceta de entrenador. «Había compaginado, pero desde ahí di un paso más. Siempre había tenido esa vocación, es una cuestión de amor al voleibol, de darle continuidad a lo que había estado haciendo tantos años. Y Guillermo me animó», detalla.

Al igual que como jugador, fue escalando categorías en los banquillos, comenzando por los cadetes y llegando hasta lo que hoy es Superliga 1. Dejar de jugar no fue complicado: «Es algo lógico cuando ya has jugado tantísimo. Siempre te queda el gusanillo, pero entrenar me encanta», recalca. Con todo, también como técnico vivió un parón. Fue tras entrenar al equipo de la máxima categoría del Club Vigo. «Me di cuenta de que no podía ser. Se necesitaba a alguien más profesional, que se dedicara en exclusiva a entrenar. Yo trabajaba y me era imposible compaginarlo con un equipo que necesitaba entrenamientos mañana y tarde, gimnasio...», analiza. Ahí decidió dejarlo y la entidad comenzó a apostar por entrenadores más profesionales, dice.

Hace alrededor de tres años volvió al club a echar una mano por la marcha de otra compañera que tampoco podía seguir por cuestiones laborales. Aunque iba a ser algo temporal, acabó quedándose. «Ahora, entreno a niñas de categoría cadete a las que cogí siendo infantiles y fui avanzando con ellas», señala. Ahora están en la primera categoría autonómica por primer año y «con bastantes dificultades» al ser nuevas. «Pero son niñas que están aprendiendo, mejorando muchísimo. Estoy muy contento con esta parte del club, esta sección femenina que cuando yo estaba ni la había», recuerda.

Sí había otros equipos femeninos en la ciudad, pero el Club Vigo dio el paso dada la gran acogida de las escuelas municipales. «Había tanta avalancha, tal cantidad de niños y niñas, que dimos ese paso y fue genial. Hay muchísima cantera en el club y es muy positivo tener las dos secciones», profundiza. Como coordinador de la femenina, su objetivo es un crecimiento en el camino correcto. «La sección es relativamente nueva comparada con otros clubes y buscamos lo más conveniente para ir mejorando y creciendo: cómo organizarnos, con qué entrenadores contar... Faltan muchas cosas por hacer», asume.

En lo que se refiere a la directiva, Fuentes es una persona de confianza del presidente, Guillermo Touza. «Siempre que hay que tomar una decisión, cuenta conmigo, me llama, hablamos e intercambiamos opiniones. Abordamos distintos temas del funcionamiento del club», apunta. Además, él nunca llegó a desligarse por completo. «Siempre iba a los partidos y estaba en contacto con Guillermo. Nunca estuve alejado, romper este vínculo era imposible», asegura.

Su ocupación laboral fue la de profesor de Educación Física y ahora, jubilado, tiene más tiempo y le resulta más fácil. «Además, es mucho más tranquilo que un equipo de Superliga, que era más complejo», plantea. A lo largo de su vida, este deporte le ha dado «muchísimas cosas»: «Lo primero, y más importante, muchísimas amistades, gente que he conocido a través del voleibol y con la que sigo teniendo contacto, no solo de Galicia. Aunque no sea tan habitual, seguimos juntándonos».

También es una gran satisfacción la «cantidad de gente» que entrenó y que le sigue parando, demostrando el cariño que le tienen. A mayores, valora que «en el voleibol aprendes cómo relacionarte con la gente, llevar un equipo, entender a los chavales... El deporte tiene valores importantes para la vida: el trabajo, la constancia... Montones de puntos comunes». Por todo ello, considera que el voleibol le ha «ayudado muchísimo» a lo largo de su vida. Y lo sigue haciendo hasta el día de hoy.