El equipo de la primera categoría femenina inglesa de baloncesto cuenta en sus filas con las viguesas y canteranas del Celta Gaila Comesaña y Candela Hermida
07 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.Compañeras en el Celta y en las categorías inferiores de la selección española de baloncesto, los caminos de Candela Hermida (Vigo, 1998) y Gaila Comesaña (Vigo, 1999) se volvieron a juntar hace dos años en Inglaterra. Con periplos muy diferentes entre medias, las dos juegan ahora en el Reading Rockets de la WNBL —la División 1 inglesa—, del que la primera es capitana y fue la encargada de convencer a su amiga para que se sumara al proyecto.
Para Hermida es su cuarta temporada en el equipo inglés. Primero pasó por Estados Unidos, una experiencia que no salió bien y tras la que necesitó unos meses apartada por completo de su deporte en los que no quería ni oír hablar de él. Pero tenía claro que no iba a tirar la toalla y, de hecho, su primera idea era buscar otra universidad americana donde volver a intentarlo. Al final, apareció la opción de Inglaterra, que le ofreció lo que buscaba. «Empecé a hacer buenos números, a coger confianza, a recuperar la autoestima y a volver a disfrutar del baloncesto», desgrana.
Consolidada en el equipo y conocedora de que Comesaña también andaba por tierras inglesas, partió de ella ofrecerle que se incorporara al Reading. «Sabía que estaba por aquí, que hace dos años se había movido a Londres, así que la enganché por banda y le hablé al entrenador de una chica que había jugado conmigo… Me dijo: ‘Haz lo que quieras, pero que se venga con nosotros’». En ese momento, Gaila estaba jugando de una manera más aficionada por falta de tiempo. Al principio era reacia. Pero la convenció.
Comesaña recuerda que el primer reencuentro con Hermida fue cuando la primera fue como espectadora a un partido entre el Reading y el equipo de su universidad. «Fui a verlas, pero yo no estaba en ese equipo. Fue un momento superguay, porque igual no nos veíamos desde hacía tres o cuatro años», cuenta. Cree recordar que fue ahí cuando Candela le planteó por primera vez que jugara con ellas. Pero el paso no lo dieron hasta más adelante. «En verano me volvió a insistir. Yo empezaba a trabajar, iba a tener los fines de semana libres y me hizo ilusión», rememora sobre el sí definitivo.
En ese momento, Gaila jugaba en un equipo «menos profesional, como una liga local», explica, entrenando tres días a la semana y jugando entre ellas. El paso de Reading, aunque le supone un desplazamiento de más de una hora desde Londres —donde ella reside— para entrenar y jugar, está siendo una experiencia muy positiva. «No sabía lo que me iba a encontrar. Solo sabía que estaban Candela y otra chica que había jugado con mi hermana Noa», dice en referencia a la pequeña de las Comesaña, que juega en Estados Unidos.
También Gaila tuvo esa idea en el momento de empezar los estudios universitarios. Pero se decantó por Inglaterra, donde su primera experiencia baloncestística tampoco salió del todo bien. «El equipo de la universidad había sido muy bueno, pero era el último año que iban a competir, eran chicas todas de 30 años o casi… No ganamos ni un partido, pero de todo se aprende, claro que sí», valora.
Ahora, Candela y Gaila son las gallegas del Reading y las más veteranas del equipo con veintipocos años en los dos casos. «Fue muy ilusionante volver a jugar juntas. Compartimos muchos equipos en el Celta y en selecciones y tenemos muchos recuerdos comunes», dice Hermida. Comesaña lo corrobora y revela que no faltan el humor al respecto en el vestuario, sobre todo por parte del entrenador. «Nos hacen bromas como ‘¿Candela siempre fue tan vaga en defensa?’. Y yo digo: ‘Pues no, era la mejor defensora del equipo’. O ‘¿Gaila se portaba así cuando…?’. Un poco sí que nos vacilan».
Ganas de volver a Galicia
Ambas tienen la broma de que mientras siga una, sigue la otra. Y eso que Candela llegó a despedirse el año pasado del equipo, pero al final decidió continuar. «Me hicieron la despedida, me dieron una camiseta… Y acabé volviendo. Así que está la gracia de ‘a ver cuándo te vas, ¿no habías dicho que te ibas?’». Pero destaca que tiene una vida estable, trabajo incluido en una empresa de márketing, y está a gusto, aunque la morriña está. «Me gustaría volver, pero las oportunidades a nivel laboral y deportivo no son las mismas y lo tengo asumido. Ya llegará. Ahora toca crecer lo máximo que pueda».
El planteamiento de Comesaña es parecido. Ella estudió matemáticas y trabaja en una empresa de ingeniería; se ha especializado en simulación de movimientos de personas, «algo muy específico». «He buscado trabajo en España, me encantaría volver a Vigo, pero es más cuestión de que surja la oportunidad», expresa. Ambas tienen la puerta abierta a volver a jugar en el Celta si surge la ocasión en el futuro y, mientras, siguen juntas muchas veces los partidos y celebran la clasificación para el play-off. Aquella, dicen, siempre será su «casa».