Bouzas se regenera con 50 proyectos

El Ayuntamiento impulsa la rehabilitación y construcción de casas y la Xunta avanza en el centro de salud y ha parado una nueva edificación porque exige que se ajuste a las normas de Patrimonio Histórico


vigo / la voz

Bouzas resurge como el ave fénix con medio centenar de actuaciones urbanísticas. En los años 90, al caer el sol daba miedo pasear por la alameda de la antigua villa. En una de sus tascas, hoy en ruinas, se daban cita camellos y consumidores que deambulaban como zombis por el bulevar dedicado a Suárez-Llanos. Hoy este lugar ha dado paso a los niños, que ansían volver a usar el parque infantil que ocupa todo un flanco de la plaza. Las familias vigilan a los menores que juegan desde las terrazas de las heladerías y cafeterías, un sector que aunque todavía no se ha normalizado se despereza bajo el sol intermitente.

Los niños han llegado al barrio gracias a la labor de construcción y rehabilitación impulsada por el Ayuntamiento. Así, se levantaron urbanizaciones como la de la antigua fábrica de Refrey y en este momento hay más de medio centenar de proyectos constructivos en marcha tanto de nuevos construcciones como de rehabilitaciones. Uno de los más notables es el nuevo edificio que se construye entre las calles Santa Ana y el paseo marítimo. La fachada que mira al mar está decorada con pintura roja y eso ha originado problemas con Patrimonio. La Xunta vela para que las construcciones se ajusten al entorno y respeten la historia. El inmueble de la cooperativa Gescomar alberga 11 viviendas y se alza en tres alturas con un bajo cubierta. Aunque la presencia de la ría invita a dotar a los pisos de terrazas, la constructora no ha podido añadir este extra porque «no nos han dejado». Ahora la empresa y los compradores esperan que la crisis del covid amaine y se puedan resolver los problemas burocráticos y constructivos.

María Jesús Pereira, que lleva 46 años residiendo en la calle Santa Ana, señala que lamenta que alguna de las nuevas construcciones tenga más altura que las antiguas, que solo disponen de dos plantas. «No queremos que Bouzas sea un igual que el centro, con edificio altísimos en calles estrechas».

El barrio histórico de Bouzas es un área de rehabilitación integral (ARI) en virtud de un convenio entre el IGVS y el Concello de Vigo del año 2004. Un año antes el conselleiro de Política Territorial había declarado la zona como ARI pero hasta un año después no se firmó el convenio para actuar. En diciembre del 2019, el Concello dio luz verde para un total de seis obras de edificación y 50 de rehabilitación al amparo del Plan Estatal de Vivienda 2018-201. Normalmente las subvenciones suponen algo más de un tercio del coste de la obra. Así hay seis proyectos de 75.000 euros que han recibido cada uno 30.000 euros de ayuda para reformar sus casas. Las actuaciones cuentan con financiación del Gobierno central, de la Xunta y del Concello.

El 16 de abril, en pleno confinamiento, se aprobó una ampliación de las ayudas, de manera que está previsto financiar 59 actuaciones, de las cuales 50 son de rehabilitación, 7 de edificación y dos de reurbanización. El Ministerio de Transportes Movilidad y Agenda Urbana aporta 397.000 euros, un 35,54 % del coste, la Xunta, 129.000 euros, un 11,55% y el Concello, 30.000 euros, un 2,69 %. Los promotores particulares de estos proyectos tiene que desembolsar un total de 561.000 euros, que supone algo más de la mitad del presupuesto total de estos proyectos que superan por tanto con creces el millón de euros.

Alfredo Rodríguez, que vivía en Coia y se mudó a Bouzas porque es un lugar más tranquilo, señala que «aquí es difícil encontrar vivienda. Yo por suerte, resido en un ático con terraza y no tengo el ruido que sufría en mi piso de Coia. Llevo diez años en Bouzas y esto ha cambiado mucho».

Al margen de las viviendas, uno de los proyectos más importantes es el nuevo centro de salud que se planeó a principios de este milenio y que después de muchas protestas y avatares, está en construcción aunque con severos recortes respecto a la idea inicial. En el año 2008 estaba previsto dotarlo con seis médicos, un pediatra y seis enfermeras. Ahora va a tener la mitad de médicos y enfermeras y no va a haber pediatra, lo cual para los vecinos resulta un poco incongruente, porque está aumentando la población menor de catorce años en la zona, a la que se han ido a vivir muchas parejas jóvenes y otros no tanto pero que tiene hijos de corta edad. Hasta ahora los vecinos tiene que desplazarse a Navia o Beiramar. La distancia les obliga a tomar un transporte público y esto supone una incomodidad para las personas mayores.

En un barrio tan activo, la hostelería va bien, aunque algunos no han reabierto porque no disponen de terraza y su tamaño no les permite separar todas las mesas con la distancia de seguridad debida.

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