¿Una serpiente en casa? Que no cunda el pánico

En la comarca solo existe una especie que podría ser peligrosa... y con matices


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Como suele suceder en estas fechas se acumulan las noticias de serpientes entrando en las casas. Ante todo que no cunda el pánico.

En nuestra comarca solo existe una especie de serpiente que podría ser, y matizándolo mucho, peligrosa, la Víbora de Seoane, pero nuestra prima suele evitar las zonas habitadas y su mordedura actúa de forma muy lenta y solo supone un riesgo para personas mayores o niños y niñas pequeñas. Siempre con tiempo más que suficiente para acudir tranquilamente a un centro sanitario y que el médico valore si es necesario aplicar el antídoto, que pocas veces llega a necesitarse y nuca se les ocurra aplicar el procedimiento de chupar el veneno, es muy mala idea.

Los casos de mordedura de víbora en nuestro entorno son absolutamente excepcionales, por lo tanto ante todo mucha calma. Descartada por ley de probabilidades la víbora ¿qué culebras se nos pueden colar en casa? Lo más frecuente es que se trate de especies absolutamente inofensivas, por este orden suelen ser culebras de escalera, culebras de collar (las típicas de agua), culebras viperinas, que deben su nombre a que, cuando se sienten amenazadas triangulan la cabeza para ver si dan el pego y su potencial enemigo las confunde con una víbora y las deja en paz (sistema que con nuestra especie les funciona regular, pues efectivamente las confundimos y nos las cargamos) y finalmente, salvo otras coronellas poco frecuentes, las culebras bastardas.

Con estas últimas tenemos que afinar un poquito más. En primer lugar son, con diferencia, las más grandes que podemos encontrar (pueden superar los dos metros) en segundo lugar, hay que reconocerlo, tienen muy mal carácter y no necesitan mucha provocación para cabrearse, a diferencia del resto de sus primas, mucho más tímidas. El tercer problema tiene que ver con su veneno, pero nuevamente que no cunda el pánico porque además de ser muy poco activo existen diferencias fundamentales entre las culebras bastardas y las víboras (además del tamaño, las víboras son muy pequeñitas).

Los dientes con los que una culebra bastarda inocula el veneno están situados la final de su mandíbula, el equivalente a nuestras muelas del juicio, a diferencia de las víboras que los tienen en los incisivos, pero además, también a diferencia de las víboras, nuestras amigas carecen de un «sistema de bombeo» para inocular ese veneno.

Se entiende perfectamente así: una víbora inyecta el veneno como una jeringuilla, muerde y suelta, pero una culebra bastarda necesita estar mordiendo permanentemente porque su veneno discurre por sus muelas como el canalón de un tejado. Es decir, en primer lugar necesitaría abrir mucho, pero mucho la boca para llegar a conseguir hacer presa con sus dientes venenosos.

Casi todos los casos son de mordeduras en los dedos, y en segundo lugar tendríamos que tener una paciencia infinita para dejarla que nos siguiera mordiendo en lugar de darle una colleja y soltarla, que sería lo pertinente. Dicho de otra forma: si a usted le muerde una culebra bastarda y en lugar de sacudírsela inmediatamente se va con ella colgando del dedo a buscar el móvil para grabar un vídeo del evento… no culpe a la culebra.

La siguiente pregunta sería ¿y porqué se meten en las casas y además siempre en la misma época? Pues la cosa tiene que ver con la temperatura. Nuestras amigas, de sangre fría, dependen del calor exterior para regular su temperatura corporal, lo cual quiere decir que, cambio climático mediante, pasan aletargadas el invierno y empiezan a activarse ahora. Sencillamente están despistadas y buscan un refugio temporal.

Nuestras casas no son su hábitat natural, por lo que siempre que las vemos sencillamente están de paso, lo que nos lleva a la última pregunta ¿y qué hacemos si nos encontramos una culebra en casa? El sistema tradicional consistía en aplicar el principio Far West… desenfundar y matar primero y preguntar después. Cuando a nuestras amigas ya les hemos aplastado la cabeza les supone poco consuelo que a posteriori descubramos que eran absolutamente inofensivas.

Recordemos que, con independencia de que nos resulten más o menos simpáticas, cumplen un papel fundamental en el equilibrio ecológico (y están protegidas). Es sencillo llamar al Grumir de la Policía Local, que son consumados expertos ya en su identificación y captura, que tranquilamente las cogerán con todo cuidado para devolverlas a su hábitat natural.

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