«Todos estamos viviendo un duelo y verbalizarlo nos va a ayudar»

La psicóloga viguesa Olegaria Mosqueda trabaja en un programa para los centros educativos. Cree que los profesores deberán hablar con los alumnos sobre la experiencia del confinamiento


vigo / la voz

«Un duelo no solo es la pérdida de un ser querido, un duelo es también la pérdida de tu forma de vivir, de tu libertad». Olegaria Mosqueda (Villanueva de Córdoba, 1955) forma parte del grupo de profesionales del Colegio Oficial de Psicoloxía de Galicia que interviene en catástrofes y emergencias. El estado de alarma también lo es, por eso se ha activado este servicio que atiende a cualquiera que lo necesite, 24 horas al día, a través el teléfono 112, en colaboración con la Xunta. El servicio comenzó a funcionar el pasado lunes: «No pensamos que íbamos a tener tantas llamadas. Personas que han tenido diagnóstico clínico previo, pero también personas solas o que presentan trastorno del sueño, algo bastante normal en esta situación».

Esta profesional lleva décadas escuchando. Su experiencia le dice que esto nos va a afectar a todos a largo plazo, pero especialmente a quienes han sufrido la pérdida de un ser querido o son más susceptibles. «Todos estamos viviendo un duelo porque es una situación dolorosa que nos separa de nuestros familiares y amigos. Cada uno tendrá que pasarlo. Verbalizar lo que sentimos nos va a ayudar a compartir el dolor y sacarlo de dentro». El duelo literal, el que se sufre cuando se ha perdido a un ser querido, que no se ha podido despedir por las circunstancias, requiere una despedida íntima, una ceremonia personal, simbólica, como puede ser escribir una carta o comunicarnos con su fotografía. La psicóloga recomienda expresar las emociones pero sobre todo comunicarse: informar a amigos y familiares para compartir el dolor y recibir apoyo, aunque sea solo por teléfono. «Es normal sentir rabia, ira frustración, al final se llega a una aceptación de la situación».

Estado emocional de los niños

Olegaria Mosqueda ha trabajado toda su carrera en entornos educativos. Llegó a Vigo hace 43 años desde Valencia, para trabajar en la Universidad Laboral Manuel Antonio, en Vigo. De ahí se trasladó al instituto Santa Irene, donde trabaja como orientadora desde hace 33 años. Estos días elabora, junto a otros profesionales del Colegio Oficial de Psicoloxía de Galicia, un manual que trasladarán a la Consellería de Educación con el objetivo de que llegue a los centros educativos. «En los centros tenemos que poner en valor esta experiencia y también ver el estado emocional en que se encuentran los jóvenes y los niños después de esta situación». Cuando se regrese a las aulas, propone a los profesores hablar del proceso dentro del entorno educativo para ver el estado de ánimo, compartir las vivencias, conocer mejor a los alumnos, ayudar a los que hayan sufrido la pérdida de un familiar y detectar si algún caso requiere una atención psicológica más individual.

Mientras no se regrese a clase son los padres los que deben estar atentos a cualquier señal de alerta. «Que un niño tenga una rabieta, malestar, aburrimiento o apatía es normal», explica la psicóloga. Lo que no es normal es una tristeza agudizada: que el niño o adolescente pierda el apetito que no se quiera levantar de cama, que no se interese por nada, ni siquiera por los dibujos o los juegos. Si esto se prolonga diez o quince días, habría que consultarlo con un profesional. En estos momentos, no hay constancia de que la situación esté afectando especialmente a los más pequeños: «Se adaptan bien a las situaciones, tienen sus recursos y sus mecanismos. Y depende de cómo se plantea en casa, si se dramatiza, van a coger más miedo. Hay que intentar mantener un ritmo normalizado, con horarios de tareas, descanso y ocio». ¿Esta situación puede derivar en depresión en jóvenes o niños? Esta profesional no lo descarta, pero en los casos que ya presentaban cuadros clínicos previos.

Pionera en orientación laboral

Lleva media vida ayudando a los adolescentes a buscar su vocación. Junto a otros profesionales, puso en marcha hace tres décadas, los primeros departamentos de orientación en institutos introduciendo técnicas de estudio y dinámicas de grupo. «La sociedad ha cambiado y los jóvenes son producto de esos momentos sociales, pero la adolescencia es la adolescencia, el reto a la autoridad, la autoafirmación... Hay un texto muy bonito de Platón que ya describía la adolescencia. Lo leemos y decimos: ‘Al final es igual que ahora, esa juventud, esa fuerza es la misma con unos objetivos u otros’. Antes era por la libertad sexual, ahora es por la ecología o el medio ambiente».

Aunque no nació en Galicia, Mosqueda se considera viguesa. Llegó por azar, para trabajar en una universidad que estaba naciendo. «Al principio me costó porque llovía muchísimo, durante meses, eso sí que era confinamiento», bromea. Pero cuando escampó, su percepción cambió y ya nunca quiso irse. Ahora también escampará, pero mientras arrecia el temporal, este equipo de profesionales trabaja para prestarnos un paraguas con el que amortiguar el chaparrón. 

«Lela», de Dulce Pontes. «Habla del amor, de la tristeza pero también de la soledad. Deberíamos escucharla para acordarnos de los que están solos y llamarlos. También me gustaría recomendar la canción «De Colores» de Joan Baez. Habría que ponérsela a los niños para recordarles que estamos en primavera».

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