«Todas nos partimos el alma»

Marisol Carratú, del Guardés, resta importancia a su gran actuación en el triunfo ante el Rocasa


vigo / la voz

La portera del Guardés Marisol Carratú fue escogida como la mejor jugadora de la pasada jornada en División de Honor femenina de balonmano. La jugadora argentina fue clave en el inesperado triunfo ante el Rocasa. «Me da mucha vergüenza cuando me preguntan por estos reconocimientos individuales. Este es un deporte de equipo y sin mis compañeras no soy nada», argumenta convencida de que es un premio para todas aunque lleve su nombre. «Nos partimos el alma», indica sobre el partido.

No oculta Marisol que en teoría el rival era el claro favorito. Pero cree que la fe del grupo estuvo por encima. «Salieron campeonas de la liga y de la Challenge Cup, venían de arrasar al Málaga y nosotras de dos derrotas... Sobre el papel estaba claro», dice respecto a las sensaciones previas. Sin embargo, el equipo se conjuró para plantar cara y hubo premio. «Salimos con las cosas muy claras y el público también fue fundamental. Es un placer contar con una afición como esta y es uno de los motivos por los que volví», dice la argentina.

Porque Carratú vive desde enero su segunda etapa en el Guardés, adonde había llegado en el 2016 por mediación de la ex del equipo Luciana Mendoza. «Somos grandes amigas y en Argentina nunca podíamos ser compañeras porque nuestros equipos eran rivales», recuerda. Por eso cuando Mendoza, ya en A Guarda, le dijo que el club de A Sangriña necesitaba una portera, dijo: «Allá voy».

Así formó parte del equipo que fue campeón de Liga y vivió grandes momentos. Hasta que le llegó una oferta de un club francés, el Entente Noisy Le Grand, y decidió aceptarla porque a priori suponía «un salto de calidad» en su carrera. Sin embargo, casi anda fue como le habían prometido. «En teoría iba a un club más profesional y fue al contrario. Aparte de que no conseguí tener Internet en casa y para la comunicación con mi gente en Argentina eso era básico», relata.

Toda aquella situación desembocó en que Carratú, aun sintiéndose fuerte en lo deportivo, renqueara en lo anímico. «Me di cuenta de lo importante que es para mí estar a nivel psicológico. Llegué a un punto en que a nivel de salud en ese sentido no lo pasé nada bien», reconoce. Así que decidió dejarlo tras cinco meses y volver a entrenar a Argentina. «El club reconoció que no me estaba dando lo que me había prometido y al menos se portó bien a la hora de rescindir», agradece.

También cuenta que la experiencia le sirvió de aprendizaje e hizo que ahora sea más fuerte. «Mi mamá siempre me lo dice, de las cosas malas aprendes. Si me sentía mal en lo personal, no valía la pena estar allí», comenta sobre la experiencia francesa y el paréntesis en su trayectoria en el Guardés.

El hecho de haberse ido de A Guarda «de muy buena forma» y haber mantenido siempre contacto con los responsables del club y con algunas compañeras -a África Sempere la considera una hermana- le abrió la puerta al regreso. «Me llamaron para ver cuál era mi situación y si estaba disponible. Lo miraron y al cabo de unos días me dijeron: ‘Te venís para acá’». Y fue dicho y hecho.

En enero, Marisol regresaba a A Guarda -«un pueblo que tiene algo que no sé qué...», recalca- y se encontraba el mismo equipo familiar y donde siempre se ha sentido como en casa, pero con algunos cambios. «¡Ahora yo soy la mayor del equipo! El mayor cambio es una plantilla más rejuvenecida, con chicas nuevas», detalla. Y para ella la energía de esas nuevas compañeras es un estímulo más. «Me contagian. No me gusta nunca conformarme y el pensamiento es que si ellas pueden, vos también podés», indica.

Además, se ha encontrado una argentina nueva que es con quien convive ahora, Martina Mazza, y con ella y Rosario Urban ya son tres en el equipo que dirige José Ignacio Prades. «Tenemos en común que las tres estamos lejos y nuestras familias y estar juntas nos ayuda, estamos a mucha distancia pero no nos olvidamos de nuestro origen», subraya la jugadora nacida en 1986.

Habitual con la selección de su país, los compromisos internacionales del pasado verano dejaron a Marisol sin prácticamente vacaciones. «Había terminado aquí a finales de mayo y el 13 de junio ya estaba entrenando a doble turno con Argentina», recuerda. Por eso creía que el inicio de temporada iba a ser más duro. «A nivel mental pensé que me iba resultar difícil, pero con el grupo hermoso que tenemos es todo sencillo, me motivaron para dar lo mejor», indica.

Y siempre en clave colectiva, Marisol se muestra ambiciosa sobre el objetivo del curso del Guardés. «Hay que ir a ganar cada partido como hicimos el viernes y creo que podemos estar entre las tres mejores».

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