¿Algas? No, gracias

Producen oxígeno, contribuyen a mitigar el cambio climático, sirven de alimento, son fertilizantes... Lo peor de cada casa, vaya

El gran manto, que según los expertos es sinónimo de aguas limpias, ocupa más de un kilómetro del arenal en pleno mes de agosto
El gran manto, que según los expertos es sinónimo de aguas limpias, ocupa más de un kilómetro del arenal en pleno mes de agosto

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Hablemos claro de una vez: las algas en las playas deben desaparecer. Para empezar, son una cosa rara, que ya invita a desconfiar. Parecen plantas pero no tienen verdaderas raíces ni tejido vascular y tienen colores extraños como rojas, pardas, azules y además viven en el mar, cosa que no haría (con alguna excéntrica excepción) ninguna planta decente. Encima son feas; no tienen flores, como las vistosas margaritas africanas o las uña de gato que da gusto ver en las playas. Esas plantas sí que las tenemos que conservar, y no los feos hierbajos de las dunas (algunas incluso con pinchos) que algunos concellos, afortunadamente pocos, se empeñan en proteger, lo cual ya es el colmo. Incluso ponen vallas para que la gente no pase ni se instale allí. ¿En qué cabeza cabe no tener sitio para la gente y cerrar media playa para los hierbajos? Es intolerable y un concello al que le preocupa más esos hierbajos que el turismo se descalifica solo.

Pero volvamos a las algas con algo que quizás no sabían. Son culpables de buena parte de la contaminación atmosférica, pues producen en grandes cantidades un gas terriblemente venenoso que se llama oxígeno. Por si fuera poco, contribuyen de manera decisiva a mitigar el cambio climático, o dicho de otra forma, las muy miserables impiden que tengamos más días de calor, sol y playa; son enemigas del turismo. No olviden que son alimento y refugio de parásitos y alimañas. El listado de bichos que viven en ellas es interminable, para empezar las pulgas de mar. Ya sería el colmo que tuviésemos que ir a la playa con un collar antipulgas, como si fuésemos perros. No hagan caso de los tiquismiquis que dicen que son pulgas diferentes y no tienen que ver unas con otras. Una pulga es una pulga y punto, y lo único que se debe hacer con ellas es fumigarlas. Es más, si los concellos aplicasen una política valiente de rociar con insecticidas las playas, conseguiríamos un beneficio añadido: terminar con los pajaritos que, por si no fueran suficientemente molestos tierra adentro, también viven en las playas comiendo esas porquerías. Luego, esos mismos pajaritos ¿dónde se imaginan que defecan? Efectivamente, en la misma playa. Por suerte ya quedan pocos, pero si por casualidad ven alguno, hagan el favor de espantarlo, especialmente si vamos a la playa en época de cría, que ya sería el colmo que encima les dejásemos fornicar tranquilamente, a la vista de niños y niñas, menudo ejemplo. Y ya saben las consecuencias de ese libertinaje: si les permitimos criar, tendremos más el verano siguiente. Es algo que no podemos consentir y esto solo es el principio.

Por ejemplo, seres repugnantes como los chocos, las rayas, los caballitos de mar e incluso pequeños tiburones (aunque sean pequeños no se confíen, pueden juntase varios para devorarnos, menos mal que ya casi los hemos extinguido) eligen esas algas para poner sus huevos. Imagínense… paseamos por la playa pisando un paritorio. Pero además aportan porquería y vamos a decirlo claramente: las algas son fertilizantes, o lo que es lo mismo, estiércol. Lo que se conoce comúnmente (disculparán la expresión) como mierda de toda la vida. ¿Cómo no se van a indignar con toda la razón los veraneantes contemplando esas playas (disculpen de nuevo) llenas de mierda? Y encima, algunos concellos (es lo que tiene votar a hippis) defendiendo dejarlas en su sitio y que el mar se autorregule, así, a lo loco, la ley de la selva.

Y todo eso, encima, avalado por los científicos y los ecologistas, que para tiquismiquis ambos colectivos aliados contra el progreso. Lo peor de cada casa. Miren, necesitamos concellos valientes que erradiquen para siempre las algas de sus playas, pero no solo en verano, que hagan prevención y eviten su crecimiento a lo largo de todo el año y que este sea un primer paso. El siguiente será la arena. Con lo que hemos avanzado en el diseño de superficies asfálticas antiadherentes, ¿por qué seguir soportando esa molesta arena de las playas?

Y luego vamos a por el agua. ¿Acaso no es injustificable a estas alturas de siglo que siga siendo salada el agua del mar? Menos mal que las banderas azules ya nos están señalando el buen camino.

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