El héroe que luchó contra la ELA

Aguntín Guimerán, exinspector de barcos cangués, fue uno de los impulsores de la asociación gallega que le hizo frente a la enfermedad degenerativa


Cangas / la voz

Cangas llora desde ayer la muerte de Agustín Guimeráns Gallego, conocido popularmente como Tino. Se convirtió en un auténtico héroe desde que le diagnosticaron esclorisis lateral amiotrófica, la terrible ELA, porque se puso al frente de la asociación gallega de afectados y ayudó a visibilizar su propia lucha y la de tantos afectados por medio de todo tipo de actividades y actos solidarios.

La noticia de su adiós empezó a correr como la pólvora por las redes sociales. Tenía 62 años e infinidad de personas que le querían y admiraban. «Hoxe é un día triste para a familia Agaela Galicia. Esta mañá deixábanos o noso compañeiro e presidente, Agustín Guimeráns Gallego, exemplo de loita e superación. O seu sorriso sempre nos acompañará e nos dará forzas para seguir adiante na loita contra a ELA. O noso apoio a toda a súa familia», fue el emotivo mensaje que colgaron sus compañeros de la asociación, acompañado de un corazón.

Inspector de barcos de profesión, estaba en Uruguay cuando empezó a sufrir los primeros síntomas de la enfermedad degenerativa. Se la diagnosticaron en el 2012 y desde que entró en la asociación Agaela, dos años más tarde, tenía claro que había que hacerle frente y no resignarse. Muy activo en las redes sociales, aprendió a valorar y ver de otro modo las pequeñas cosas de la vida cotidiana e incluso seguía asesorando a antiguos compañeros del mundo de la mar. «Sé que tengo dificultades, pero cada día es un día más y si te falla una pierna, te funciona la otra. Y si no, tienes una silla. ¿Cuál es el problema?», le contaba Tino a Susana Acosta en un reportaje publicado en La Voz en el 2015. No se resignó a ser vencido por la ELA, que tan solo le permitía mover un único dedo de sus manos.

Hasta que un empeoramiento de su salud se lo impidió, no perdonaba salir a pasear por las calles del pueblo y tomarse algún vino con amigos. El ánimo no le fallaba y, ante la perspectiva de problemas, siempre encontraba remedios. Por ejemplo, no desfallecía por la posibilidad de perder el habla ya que, aseguraba, existía tecnología para poder comunicarse con los demás. También estaba agradecido por contar con silla de ruedas eléctrica y especialistas. «Lo único que me preocupa es perder la consciencia, aunque solo pueda mover el párpado de un ojo ya me vale, pero mientras tenga consciencia, tengo vida. Y es que la vida es una oportunidad y hay que aprovecharla», contaba.

Él lo tenía muy claro: quería ayudar, ayudar y ayudar. «Es importante que la gente diga ‘Yo también estoy aquí’. Y que se ponga en contacto con Agaela. La gente es reacia a decir que tiene esta enfermedad y es muy importante la solidaridad entre nosotros. Yo daría mis dos brazos por que alguien me llamara para pedirme ayuda. Estamos aquí para eso. Que venga con nosotros, desde la asociación le tendemos la mano y estamos aquí para ayudarles», explicaba con su habitual energía.

Tino falleció ayer por la mañana en el hospital vigués donde había ingresado. Su familia no pondrá velatorio, pero el sábado por la tarde está prevista la celebración de una misa en la excolegiata de Santiago de Cangas.

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