Eduardo Armada: «Los astilleros tienen una gran carga poética aunque son sucios y ruidosos»

El artista presenta en el Marco el documental hecho sobre el trabajo del pintor Ramón Trigo en Armada


vigo / la voz

Ramón Trigo realizó un trabajo plástico en los astilleros Armada durante dos años. Eduardo Armada documentó con fotografías y vídeos aquella acción, que ahora se puede ver en el Marco. El último paso de ese proyecto, denominado Pantoque, es el estreno del documental completo de aquella producción artística. Se podrá ver hoy, a las 20.00 horas, en el salón de actos del museo de arte contemporáneo.

-¿Cómo surgió el proyecto?

-Yo conocía la obra de Ramón Trigo, que tiene mucho que ver con el mar y las estructuras. El astillero, que es un espacio bastante particular debido a su atmósfera, pensé que podía encajar bien. Se lo propuse y aceptó.

-¿Pactaron la colaboración?

-No, nos instalamos allí sin ningún tipo de plan. Montamos el taller, vimos la situación y comenzamos a interactuar.

-¿Qué dificultades encontró en su parte del trabajo?

-Mi parte, inicialmente, fue recoger la documentación de todo el proceso. El astillero tiene una gran carga poética porque es un espacio extraño, un poco sucio y ruidoso, pero estéticamente es muy potente y no quería renunciar a toda esa belleza porque quería transmitir el ambiente que respirábamos allí.

-Las atmósferas quedaron muy bien reflejadas.

-Bueno, trate de reflejar el proceso visual del trabajo plástico de Ramón; los artistas suelen tener pudor al hablar de sus obras, así que queríamos transmitirlo con imágenes. Era una manera de entrelazar el trabajo de Ramón y el del astillero. Son dos trabajos, en principio, muy ajenos, pero en el fondo no lo son tanto.

-¿Cómo fue la relación con los trabajadores, que no dejan de ser también protagonistas?

-Aunque a mí ya me conocían, nos miraban como dos tipos raros. Yo los entreviste a todos y uno me decía que nadie entra en un astillero preguntando por los obreros. Que vayan dos tipos a pintarlos y fotografiarlos les pareció un poco raro, pero también se veía que les gustaba porque eran un poco protagonistas.

-¿Qué se respira en un astillero?

-Sobre todo, ruido y movimiento porque hay actividad permanente. Es un espacio tan grande y con tanta actividad que se presenta como una dificultad querer abarcar todo lo que se produce allí en un día; parecía que todo estaba puesto allí para que lo retratásemos, desde lo más pequeño, como puede ser un tornillo, hasta un buque que entra en el varadero.

-¿El vídeo y la fotografía actuaron de manera distinta?

-Esa fue una de las dificultades con las que me tuve que enfrentar. En principio iba a hacer solo fotografía, pero en seguida surgió la necesidad de documentar también con vídeo para incorporar el ruido y el movimiento; la fotografía no era suficiente. Tener que compaginar las dos cosas fue demasiado para una persona sola porque estaban pasando muchas cosas al mismo tiempo. Había momentos en que estaba grabando un vídeo y pensaba que me estaba perdiendo un montón de fotografías, o al revés. Tener que decidir fue un problema.

-Es curioso que en una ciudad con tanta carga industrial como Vigo, a penas haya creación artística en torno a ella.

-Es una idea aparentemente simple, pero a la vez novedosa porque es algo que no se hizo hasta ahora en los astilleros y creo que en pocas empresas. Hay cierta complejidad trabajar en una empresa por la seguridad, pero es una oportunidad para ellas. En Vigo, siendo tan conocidos los astilleros, porque la gente pasa por delante de ellos y ve elementos desde fuera, pero todo el mundo se sorprende luego al ver los vídeos de cómo son realmente por dentro porque muy poca gente los vio.

«Había momentos en que grababa un vídeo y pensaba que me estaba perdiendo fotos»

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