«Quiero dedicarme a esto hasta que no me den más las piernas»

Sara Gil, máxima anotadora de División de Honor, entró en el balonmano con un maillot de gimnasia

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Vigo / La Voz

La primera vez que Sara Gil de la Vega (Barcelona, 1994) jugó un partido de balonmano lo hizo con un maillot de gimnasia rítmica bajo la camiseta y unas zapatillas de prestado. Entonces tenía once años. Hoy cumple 23 asentada en la élite de la mano del Balonmán Porriño, convertida en la máxima anotadora de la categoría y situada en la parrilla de salida hacia la selección española, su sueño por cumplir.

«¡De pequeña practicaba todo tipo de deportes, todo lo que podía lo cogía, tenía a mis padres todo el rato de arriba para abajo!. Un día que yo tenía una actuación de gimnasia rítmica en el campo de al lado estaban mis amigos listos para jugar un partido de balonmano pero les faltaba un jugador. Me dijeron ‘ponte tú’, y yo, con mi maillot y pintada, me puse la camiseta y empecé a jugar. Claro, iba sin zapatillas y unos padres se pusieron a buscar unas de mi número», recuerda entre risas la jugadora. Esos fueron sus inicios en el deporte que se ha convertido en su vida. Entonces no tenía ni idea de cómo se jugaba, «solo me dijeron ‘no pises el área y solo puedes dar tres pasos’. ¡Fue divertidísimo!». Una docena de años más tarde puede presumir de ser una de las extremo izquierdo más prometedora del balonmano español.

Sara proclama que si empezó en el balonmano fue por sus amigos, porque era un deporte que le permitía jugar en equipo y pasárselo bien. La probaron de central y lateral y hubo un tiempo en el que compaginaba incluso la portería. «Éramos pocas, no teníamos portera, así que me ofrecí para jugar la mitad del partido en la portería». A medida que pasaban los años vieron que era en el extremo donde mejor rendimiento podía aportar y allí se quedó.

Lo que comenzó de manera casual y accidentada fue tornándose más serio paso a paso hasta el punto de que en edad cadete se incorporó al Centro de Alto Rendimiento. Ahí fue cuando asimiló que su afición podía ser algo más. «Empezamos a ganar títulos con Cataluña, me empieza a llamar la selección en edad juvenil y júnior y ahí me doy cuenta de que la posibilidad de dedicarme al balonmano era real. Tengo claro que quiero dedicarme a esto hasta que no me den más las piernas», proclama.

Ideas claras y ambición

Fue en el verano del 2015 cuando Sara Gil decidió dar el gran paso y enrolarse en el Balonmán Porriño. «Me gustaba muchísimo el estilo de juego del equipo y mi entrenadora en el Castelldefels me había hablado muy bien de la forma de trabajar de Abel, me decía que podía aprender mucho de él, y yo tengo claro que para llegar a lo más alto tienes que aprender y aprender», destaca. Hizo las maletas y se integró en un equipo con el que no ha dejado de crecer. Sara Gil es ambiciosa. Quiere llegar lo más alto posible y sabe que la única vía es el trabajo. «Me encanta entrenar, me gusta, me esfuerzo y lo doy todo. Solo así logras alcanzar las metas».

Los 52 goles que lleva marcados en los seis partidos disputados hasta la fecha no son fruto de la casualidad, sino del empeño y también del esfuerzo colectivo. «Obviamente, estoy trabajando bien, pero si marco esos goles es gracias al trabajo de mis compañeras. Un extremo depende de los demás y yo agradezco la confianza que depositan en mí en los momentos difíciles cuando me dan un balón para que me lo juegue». Tiene clarísimo que acertó cuando decidió fichar por el Porriño y ansía derribar la puerta de la selección, su gran sueño. Fue campeona del mundo con la selección universitaria y el año pasado ya formó parte de una lista de 28 jugadoras para la absoluta de la que salió otra más reducida en la que ya no estaba, pero sabe que ese es el primer paso para convertirse en una guerrera. «Ya han mirado para mí, así que eso hace que cada día intente dar lo mejor de mí para conseguir una oportunidad».

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