Son Mos

Eduardo Rolland
Eduardo Rolland LA BUJÍA

VIGO

14 abr 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Vender Balaídos al Celta habría sido una gran idea. Con 30 millones de euros se pueden hacer varias obras capitales que necesita la ciudad. Además, dejaríamos de pagar las facturas del recinto municipal. Y, para terminar, y no menos importante, el estadio no puede tener otra función que no sea que juegue el equipo celeste. Vacío, como ahora amenaza el presidente Mouriño, se convertiría en una ruina. Una nueva Panificadora.

La alternativa de una cesión por 50 años no era tampoco mala, aunque Vigo dejaría de ingresar treinta millones que podría invertir en otras infraestructuras. Para la sociedad de Mouriño tendría teóricamente todas las ventajas, aunque Balaídos no figuraría como un bien patrimonial. Su rechazo a esta fórmula evidencia que lo considera importante. Y aquí es donde hay que sospechar que existan motivaciones que no se publicitan. Por ejemplo, mejorar el producto para su posible venta.

Ahora, el presidente del Celta descarta la segunda fórmula y dice que es tarde para la primera. Su nueva prioridad es construir un estadio en otro municipio. Resulta chocante que, en veinte meses, Mouriño haya cambiado de opinión tres veces. Esto no lo hace un interlocutor fiable. ¿Te fotografías sonriente firmando las obras de un nuevo estadio y te vas cuando acaban de comenzar?

Por desgracia, lo peor han sido las formas. Su discurso ha sonado insultante. Vigo no se merece tanto desprecio. Que aquí hay un afán de sobreactuación es evidente. También por parte de esa alcaldesa de Mos que se desvive por estar en todas las salsas. Y que mucho Mos, pero hace su vida en Vigo. Así que yo no pienso apoyar al Real Club Cerca de Vigo. Ni asistir tampoco a su soñado estadio de Son Mos.