La expectación por la ronda en Samil y Baiona contrastó con un ambiente frío en el centro de Vigo
22 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Tres años después, la Vuelta a España volvió a tener un final en Baiona. Si en el 2013 la meta había estado en el Alto da Groba, en esta ocasión fue en el centro de la ciudad, pero como entonces, la ronda causó una gran expectación a su paso tanto por esa localidad como por el resto del área de Vigo. Todo en un día de playa que muchos, de manera prevista o por enterarse sobre la marcha, interrumpieron para aclamar al pelotón de la prueba.
Los corredores habían salido de Ourense para completar una etapa de media montaña que tras abandonar esa provincia transcurrió por los municipios de A Cañiza, Ponteareas, Porriño y Mos antes de llegar a Vigo. Durante todo el recorrido se pudo ver a un gran número de curiosos que no se quisieron perder la caravana de la Vuelta. El centro de Vigo fue quizás la zona donde menos se hizo notar la carrera. Tampoco faltaron de todos modos los espectadores entregados a la causa que inmortalizando el momento con sus teléfonos móviles.
«¿Pero cuándo vienen?», se podía escuchar a algún pequeño impaciente preguntarle a su padre en los instantes previos a la aparición de los deportistas. Los vehículos publicitarios, policía y el resto de la caravana servían para abrir boca. Lo cierto es que la espera fue más larga de lo esperado porque los corredores se demoraron una media hora en relación con las previsiones de mayor velocidad media de la organización y alrededor de un cuarto de hora respecto a las más lentas.
Calor y expectación
En una tarde de calor que invitaba a la playa, y por coincidir además en domingo, no era una muchedumbre la que esperaba en el centro, pero entre Samil y el final de la meta, en Baiona y tras pasar por Nigrán, el ambiente se fue animando. En el arenal vigués no faltaron los aplausos y los gritos de ánimo, procedentes en más de un caso de bañistas que abandonaron su posición para sumarse a la fiesta.
Pero donde realmente fue un día de celebración fue en una Baiona abarrotada de gente que vibró con el esperado esprint en el que se decidió la etapa, que se llevó el belga Gianni Meersman, del Etixx-Quick Step. Porque todos los expertos habían advertido de que esta etapa era una de las pocas oportunidades de las que iban a disponer los esprínteres en esta edición. Y no se equivocaron.