Adeptos a una cita irremplazable

J. Davila VIGO / LA VOZ

VIGO

Xoán Carlos Gil

La Vigo Cup vuelve a convertirse en un hervidero de emociones para niños, padres y entrenadores

10 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando los colegios terminan y dan paso a la libertad del verano, los niños encaminan sus tardes plenamente al ocio. Entre los eventos lúdicos a su alcance, la Vigo Cup se sitúa como símbolo futbolístico del lugar. En su decimosexta edición, el torneo representativo del verano vigués reúne a miles de niños dispuestos a batallar en los campos de la ciudad.

Con un ambiente creciente a medida que pasan las rondas, los más pequeños se erigen protagonistas de esta XVI Vigo Cup. Durante toda una semana han emulado a sus ídolos, especialmente en sus celebraciones, entre las que predomina la popular de Cristiano Ronaldo. Desgraciadamente, este año no se juegan las finales en el estadio de Balaídos, un gran atractivo y sin duda, objetivo de todos los niños. Aunque con el balón en los pies, poco importa esta circunstancia.

La fase de consolación, que permite continuar jugando un torneo paralelo a los equipos caídos en grupos, se vive con los mismos ánimos en las categorías menores, mientras que los sub-16 y sub-14 se lo toman con mayor tranquilidad, quizás por las altas temperaturas o conscientes de su eliminación.

El clima incitaba a los espectadores a acercarse a la playa en los campos de Samil y O Vao, pero sus hijos los mantenían a pie de campo. Al menos hasta que terminaba el partido, cuando los padres se apresuraban a aligerar la ducha de los niños para encaminarse a las playas.

Toda una semana y a comienzos de julio. Para los jugadores una delicia, para los padres una complicación. Muchos de ellos no tienen del todo claro que celebrar un torneo «tan largo» sea bueno. La época del año pone trabas para organizar las vacaciones de las familias. Además, «tener que llevarlos todos los días al campo a veces se hace un poco difícil, igual era mejor un torneo de menor duración», explican unos padres sin separar la mirada del verde donde corretean sus hijos.

Otro de los aspectos que llaman la atención es la cifra de equipos que disputan el torneo. En sus mejores años, la Vigo Cup fue capaz de congregar a más de doscientos equipos de la ciudad y de otros puntos de España, junto a alguno proveniente de Portugal.

Esta decimosexta edición tiene unas cifras similares a las de años anteriores, rondando los 190 equipos. A pesar de ser una cantidad nada despreciable, la reducción de conjuntos foráneos hace un poco menos apetecible el torneo de verano. EF 115, FC Marinhas y Dragon Force, este último en representación de la escuela del Oporto, ponen el acento luso del torneo. Por su parte, el Seseña FC es el único equipo que visita Galicia desde otro punto de España, concretamente desde Toledo.

Los entrenadores de varios clubes coinciden en que la Vigo Cup «ha ido perdiendo nivel temporada tras temporada» y sostienen que es fundamental «traer a más equipos de fuera, para conseguir un salto de calidad definitivo en el torneo». La variedad de procedencias que caracterizaba al trofeo también permitía competir contra conjuntos diferentes a los de la temporada regular. La pasión con la que viven los niños este evento de carácter amistoso no ha influido en el comportamiento que han guardado en el terreno de juego.

Mohammed Rabi, árbitro de Primera Autonómica, ha ganado el premio al mejor colegiado de la XVI Vigo Cup y observa una diferencia en la actitud de los niños: «Aunque es un torneo amistoso, a todo el mundo le gusta ganar. Creo que el comportamiento en general ha sido mucho mejor que otros años», subraya Mohammed.

Los niños han disfrutado un año más jugando la Vigo Cup y siendo ejemplo dentro y fuera del campo frente a conductas aisladas que perjudican al deporte. Serán ellos los que con más ansia aguarden una nueva edición.