O Castro, con pintadas y sin servicios

j. fuentes VIGO / LA VOZ

VIGO

Los aseos públicos están cerrados y el museo castreño solo abre ocho horas a la semana

10 dic 2015 . Actualizado a las 09:45 h.

Frecuentado por familias, por grupos de jóvenes y por aficionados al running, el monte de O Castro es el parque más céntrico de la ciudad con vistas a la ría. Todos ellos disfrutan del recinto, de sus jardines y de sus servicios, pero en su mayoría toman precauciones. No es posible acudir de cualquier manera ya que los dos baños públicos allí existentes no están operativos. Y como es habitual pasar allí varias horas y acudir con niños, el problema no tiene fácil solución.

Esa era la situación en que se encontraban las dos instalaciones en la mañana del pasado martes, día festivo y con buen tiempo que llevó a numerosas personas a los bien dotados parques infantiles o al recinto biosaludable para adultos y mayores. A no mucha distancia, parejas con niños utilizaban el parque de tráfico, con semáforos en servicio y calles bien señalizadas. Todo correcto, incluida la limpieza y el cuidado de la jardinería, pero en caso de necesidad no había alternativa ya que los servicios higiénicos estaban cerrados.

A unos cientos de metros, en la plazoleta de la fuente, existe un baño prefabricado que en tiempos permitía resolver este tipo de situaciones, pero está fuera de servicio y por su deteriorado aspecto lleva años así. Claro está que en frente hay una cafetería, con servicios... para sus clientes.

Hasta hace algún timepo la alternativa era doble: a esta cafetería se unía otra situada a un centenar de metros. El Mirador de O Castro es una instalación municipal, pero desde esa fecha permanece cerrada a cal y canto.

Otro grano del recinto es la dificultad para visitar el museo castreño. El horario diseñado por el Concello es ciertamente escaso: miércoles, jueves y viernes de 11 a 13 horas y los sábados de cuatro a seis de la tarde.

La cafetería se deteriora tras cinco años cerrada sin que nadie la explote

En agosto del 2010 finalizó la concesión municipal a la empresa que la explotaba y desde entonces, aunque lo ha intentado, el Concello no ha podido renovarla. El concurso convocado al efecto quedó desierto hace un par de años y desde entonces el gobierno local no sabe qué hacer con este amplio local.

La consecuencia, inevitable, es su progresivo deterioro. Los vándalos han roto cristales, pintado el exterior y destrozado parcialmente el interior. El Concello ha colocado vallas y rejas artesanales para evitar que la cosa vaya a más. Agentes de la Policía Local hacen rondas, pero no pueden evitar que su estado sea cada vez más lamentable.

Muy cerca se encuentra la fortaleza del siglo XVII, situada en la cumbre del monte que alcanza algo más de un centenar de metros sobre el nivel del mar. Visitarla es muy sencillo: está abierta durante todo el día y no hay limitación alguna para acceder a su interior. Desde hace algunos meses luce completa una vez que el Concello eliminó el añadido del restaurante de O Castro, que la afeó durante varias décadas y que tras desaparecer ha sido olvidado.