Todavía hay incrédulos que dudan de que la persona que visitó el sábado A Pedra y comió ostras en un restaurante de la zona fuese el mismísimo Stephen Hawking. Sin ir más lejos, el propio presidente de la Asociación de Empresarios de Hospedaje de la provincia de Pontevedra, César Sánchez Ballesteros, no se lo creía de todo. «Pensé que igual la gente había visto a alguien parecido en una silla de ruedas y lo había confundido», decía. Una vez cerciorado por los medios de comunicación de la veracidad de la visita, lamentaba que tan memorable personaje no hubiese sido anunciado previamente «para tener alguna atención especial con él y obsequiarle con un detallito». Justo lo que le debía de apetecer al científico británico. Una banda y un grupo de baile a pie de embarcación, el bus turístico esperando en Cánovas del Castillo y un paseo por Camelias en plena humanización.
No es de extrañar el escepticismo de algunos al comprobar la soledad de Hawking, sin un solo político que echarse a la boca. Qué mal lo pasó alguno por perderse la foto. «¿Cómo se nos ha podido escapar?», se preguntaban aquellos que están acostumbrados a preparar bienvenidas al estilo Mister Marshall. El científico les jugó una mala pasada y habían perdido la oportunidad de su vida: una recepción oficial con público destrozándose las palmas. Se les escapaba que el turista de lujo que estuvo en A Pedra el pasado fin de semana es el científico más reconocido del mundo. Es decir, una persona muy lista que se puede permitir el lujo de elegir a las compañías. Y al parecer, lo que quería Stephen Hawking no era visitar una institución tras otra, sino degustar ostras en la zona más popular de Vigo y fotografiarse con la gente de la calle. Y, por supuesto, comer tranquilo con los suyos sin que nadie le diera la brasa con discursos cargantes.
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