Porta do Sol

Eduardo Rolland
Eduardo Rolland LA BUJÍA

VIGO

Nadie emplazaría un comedor de caridad debajo de la torre Eiffel. Ni situaría en Trafalgar Square un puesto municipal para repartir bocadillos, café caliente y jeringuillas. Porque ni en París ni en Londres están tan locos. Aunque en ambas ciudades existan, como es lógico, servicios sociales de emergencia, al cabo de la calle, para atender a transeúntes y a personas en condiciones de marginalidad y miseria severas. Pero no los instalan ante los principales monumentos y en el corazón turístico de la capital.

Por ello resulta inconcebible que haya quien siga pidiendo la reapertura del centro de Sereos en su viejo local de la Porta do Sol, casi en la curva de Elduayen. Porque es evidente que Vigo necesita un centro de atención a indigentes. Y que Sereos prestaba un servicio enorme. Y que, hoy más que nunca, es urgente atender a aquellos que más lo necesitan. Pero el emplazamiento era un error.

El viejo local de la Porta do Sol tuvo sentido cuando el Casco Vello, y en especial A Ferrería, estaban destrozados. Pero no ahora, cuando se ha acometido un plan de rehabilitación para llevar a los vigueses a residir, comerciar y vivir en la zona. ¿Hace falta un local para Sereos? Por supuesto que sí. ¿Es urgente? ¡Ya tendría que estar abierto! ¿Tiene que estar en la Porta do Sol? ¡De ninguna manera!

Esta semana ha vuelto a haber altercados entre la policía y quienes hacen vida en la plaza de la Princesa. Es una pena que un problema social, de todos, termine así. Pero hay que entender también el hartazgo de hosteleros y comerciantes. Es lógico, es justo y es urgente que Vigo tenga un servicio público como el que prestaba Sereos. Pero no en el medio y medio del corazón comercial y turístico de la ciudad. Hacer eso es un suicidio ciudadano colectivo. Miseria para todos. Aquí, en Londres y en París.

Hay que entender el hartazgo de los comerciantes de la plaza de la Princesa

eduardorolland@hotmail.com