Balaiditis II

VIGO

Figueroa, Pedrosa, Louzán y el propio Feijoo tienen ante sí otro pulso para mantener la tensión, de manera especial el primero. Han sido requeridos para que acudan a una fiesta, la reforma de Balaídos, convocada por el Concello a mayor gloria de la gestión del regidor, a la que se les pide ir en traje de gala, a la hora que se les indique, procurando no hablar mucho mientras se celebra y, por supuesto, olvidándose de participar en los discursos.

La invitación oficial no les ha llegado aún, pero ha sido hecha pública por el invitante. En ella fijará la fecha de la celebración y su contenido, una especie de baile para alumbrar la imagen del nuevo estadio de la ciudad. Si el día les viene mal, que se aguanten, pues deben darse con un canto en los dientes porque haya pensado en ellos. Si el desarrollo del evento no les agrada, ídem del lienzo, a callar. Y si la decoración del lugar la ven añosa, mejor que se lo callen.

En los días previos a la invitación han recibido recados de que van a ser invitados (convocados), de que deben acudir con la bolsa llena y no precisamente de perdices, y de que si no tiene contenido suficiente pueden ser arrojados al populacho. Tienen que hacer un digno papel de segundones; esto es, estar, disfrutar si pueden y procurar no llamar la atención.

En la fiesta, el convocante les hará por fin el favor de mostrarles el regalito, que no es otro que el nuevo estadio que quiere regalarle a la ciudad, un cuidado dibujo solo pues la obra quedará para tiempos pretéritos posteriores a mayo del 2015. Y una vez mostrado, les asignará a cada uno su contribución por el favor de ser tenidos en cuenta. Y sin rechistar, ya lo saben, pues si no dan lo que deben dar, lo que dice el convocante, serán excluidos del palco del nuevo Balaídos que Caballero promete cuando sabe que ya no hay tiempo.

juanmanuel.fuentes@lavoz.es