La falta de medidas preventivas y de mantenimiento deja indefensos a los ciudadanos de a pie
01 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.La sucesión de desprendimientos de fachadas y de otros elementos de los edificios de Vigo supone desde hace años un riesgo para los ciudadanos de a pie. Buena muestra de la inexistencia de medidas preventivas eficaces es que en las últimas semanas se han sucedido en distintas zonas. En más de una ocasión los transeúntes se salvan de milagro, pero no siempre ocurre así.
Aunque ya existe una legislación estatal, algunos concellos han optado por reforzarla con ordenanzas que obligan a los propietarios de los inmuebles a prevenir la caída de cascotes antes de que se produzca.
La mayoría de los edificios afectados fueron construidos entre los años sesenta y setenta. También existen casos más recientes e incluso en algunos de muy reciente construcción.
Algunas calles en las que se han producido desprendimientos son Príncipe, Salamanca, Camelias, plaza de Compostela, Colón, Marqués de Valladares, plaza de la Independencia, García Barbón, O Berbés e incluso en el estadio de Balaídos. La falta de mantenimiento del campo del Celta y su antigüedad son las principales causas que están detrás de la caída intermitente de cascotes. En la última ocasión, hace aproximadamente un mes, los restos pillaron de refilón a un joven que transitaba por la zona, aunque no le ocurrió nada grave.
En el sector de la construcción no existe unanimidad a la hora de valorar el origen de esta situación. Mientras que para unos se debe, sobre todo, a la falta de mantenimiento, para otros cobra más peso la teoría de una construcción deficiente, lo que provoca que los inmuebles no resistan el paso del tiempo. En lo que sí coinciden es en que la inspección técnica de edificios (ITE) no es suficiente para prevenir la caída de cascotes.
En opinión de José Luis Campos, presidente de la Asociación Provincial de Empresarios de la Construcción (APEC), el problema suele ser de mala ejecución o de mal diseño en su momento. Recuerda que en los años setenta, ochenta e incluso noventa se construyó mucho con este mismo sistema. «Básicamente, en general son aplacados que con el paso del tiempo y los anclajes defectuosos se acaban aflojando. El exceso de humedad corroe los anclajes, se oxidan y se acaba cayendo. Hay aplacados sujetos con cemento o mortero y se sueltan», comenta.
Campos reconoce que ahora ya se hace de otra manera y ofrecen más garantías: «Si el aplacado es directo se hace con ganchos de acero inoxidable».
Sobre el coste que supone reparar las fachadas para evitar la caída de cascotes, el presidente de APEC comenta que si lo que se hace es simplemente atornillar las placas a la fachada resulta barato, «pero sería una solución más chapucera». En ese caso podría entrar humedad y volver a ocasionar problemas a corto o medio plazo, además de resultar poco atractivo desde el punto de vista estético.
Deja claro que arreglarlo bien es caro, pero sin duda, compensa a largo plazo. «Lo mejor es hacer una segunda fachada trasventilada y también atornillar lo que queda debajo de ella», concluye el representante de los constructores.