Aunque tenga nombre de isótopo del cromo, veo muy poca ciencia en CR7. Es un gran futbolista y punto. Sin embargo, su asalto al Balón de Oro ha eclipsado la más enconada discusión científica. Llevamos meses leyendo unos análisis de sus destrezas balompédicas que ni en una cena de empresa del Acelerador de Partículas de Ginebra.
Que le iban a dar la pelotita dorada estaba visto. Lo que podrían haberse ahorrado es explicárnoslo hasta el paroxismo con gráficas, vídeos, estadísticas y diagramas de Feynman. Si tanto tiempo y dinero lo hubiésemos aplicado a la ciencia, el bosón de Higgs ya estaría demostrado desde la Edad Media.
Aunque soy futbolero, las lágrimas de Ronaldo me han dejado frío. Como me hubieran dejado las de Messi. Porque, para mí, lo mejor de la semana en premios es la beca Consolidated Grant recibida por el investigador vigués David Posada, de la Universidad de Vigo. Todo un hito al alcance de muy pocos.
Con permiso del fútbol, es mucho más importante esta noticia. Y ver que ahí arriba, en el campus, hay cientos de investigadores haciendo un trabajo enorme. Y, algunos, triunfando en las grandes ligas.
Para mantener ese talento hace falta dinero. Y que la Administración apueste. Mientras tanto, seguirá abierto el mercado de fichajes, como el de Luis Liz Marzán, en 2012, desde Vigo al Biomagune del País Vasco. Allí había muchos más recursos. Aquí, con esfuerzo, se intenta atraer talento a otros proyectos como Biocaps. Parece fútbol, pero es investigación, es futuro, economía y empleo.
Lo triste es que Posada o Marzán no son populares, porque no marcan goles en el Steaua de Bucarest. Y es que los científicos en este país no piden un Balón de Oro. Les bastaría con un balón de oxígeno.