Una encuesta a la suiza sería la solución. Que el tropel de concejales del gobierno municipal se calce las botas de siete leguas y se eche a las calles de los barrios parroquias para preguntar a las ciudadanas y ciudadanos, según la terminología en boga, por sus preferencias.
«¿Qué elige usted, una congelación de TODOS los impuestos _ha escuchado bien_ de todos los impuestos y tasas y precios públicos, y la congelación del bus, y del recibo del agua y la tasa cero de terrazas, o la disminución de algunas tasas o impuestos como hacen en diversos ayuntamientos que no piensan en el bienestar de sus vecinos?», dispararía Carmela Silva con gesto serio al primer vigués que se topara.
Receloso, el paisano tendría dos caminos. Darle la razón ante una pregunta tan equilibrada que ya la querría para sí Artur Mas, o arriesgarse a plantear la cuestión clave: «¿Y de qué forma me ahorro más dinero? Porque la tasa cero de terrazas como que no me afecta mucho...».
Indignada ante tanta desconfianza, la teniente (de alcalde) se marchó a alguno de sus barrios de pro, aquellos que reforzaron la minoría de Caballero hace dos años, léase Navia o Cabral, para ver si la cosa encajaba.
Pese a la lejanía del administrado que implica ser alguien importante, ahí es nada la Mesa del Congreso, a Silva no le pasó desapercibido que amiguiños sí, y votantes incluso también, pero a la hora de cotizar la vaquiña por lo que vale. Y que si hay que pagar impuestos, se pagan, pero que nadie se traga que es más beneficioso (para el bolsillo propio) pagar más que pagar menos. Y desde luego, que hay que ser muy leído para enfatizar semejante dislate como una ventaja para el cotizante fiscal vigués.
A la vuelta de la excursión, el equipo de asesores, todos cualificados, llegó a la conclusión de que los ciudadanos respaldan el sistema de la congelación de impuestos muy por encima de una insignificante bajada de impuestos.
Con ello Silva se armó de razones para dar una rueda de prensa y explicar la buena nueva a los periodistas: «¡En Vigo se congela todo!».
A veces, hasta el sentido común.