Bocadillos para todos

Enrique V. Pita

VIGO

Cada noche, en Oporto, en pleno centro, un grupo sale a las calles con un carrito y ofrece un vaso con sopa caliente a los indigentes. Es un gesto amigo y reconfortante para quienes, por vicisitudes de la vida, se ven obligados a vagabundear. En Vigo, se hizo algo parecido con el café caliente para quienes duermen en cartones o siguen terapias contra la droga. Medidas como el albergue han paliado la necesidad de los sintecho. Pero en estos tiempos, el Concello debería hacer un último esfuerzo, estirarse más y asegurarse de que nadie pase hambre en Vigo. Es frecuente leer que asociaciones como AFAN están desbordados y, a veces, se quedan sin alimentos. Una buena manera de garantizar que nadie pasa hambre es montar un puesto callejero que reparta bocadillos gratis abierto hasta la noche en la ciudad. En los cajeros automáticos, aún se ven personas que duermen en colchones a los que, a buen seguro, les gustaría llenar la panza con una merienda gratis.

Y por eso, resulta irritante que la Administración regale dinero público a una compañía aérea privada para que vuele a Vigo (o a otra ciudad). Si un viajero quiere ir a París o Londres que pague el avión al precio real de mercado. Esas generosas subvenciones quedarían más justamente repartidas si el alcalde se subiese a un helicóptero y, desde el aire, arrojase al azar billetes de 20 euros a los peatones de la calle Príncipe.

Se acercan las Navidades y la prioridad de los recursos públicos es volcarse con los necesitados en invierno. No hay que olvidar que el índice de Gini, el que mide la desigualdad, ha crecido en Vigo con la crisis. Lujos, como volar barato, son secundarios ante el drama social que vive una ciudad con 33.000 parados. Son momentos en que la comunidad debe ser solidaria y tener tolerancia cero con el hambre. Vivimos en una sociedad riesgo donde ya no hay pleno empleo.

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