El escritor y científico Arthur Clarke diseñó un sistema para hallar vida inteligente lejos de la Tierra: buscar basura. Todo planeta con un cinturón de desperdicios metálicos en órbita implicaría una civilización tecnológicamente avanzada. Hay que alcanzar cierto desarrollo para llenar el espacio de morralla.
Los residuos son, por tanto, un indicador de prosperidad. Y lo vemos en la calle. Las casas más pudientes generan sacos y sacos de porquería. Mientras que la anciana pensionista produce una bolsita minúscula, que deposita en el contenedor arriesgando su integridad física, con un pie en el pedal y el brazo estirado hasta lo inverosímil. Los diseñadores de cubos de basura de FCC te obligan a hacer la grulla de Karate Kid, pero a los 80 años.
Por esto, porque la basura depende de la riqueza, me sorprende la propuesta del PP de rebajar esta tasa de forma general. El Concello congelará los impuestos para el 2014. Y la oposición mayoritaria pide un paso más: que disminuyan. Pero proponen una rebaja universal, igual para todos los hogares. Y, sobre todo ahora, con esta crisis, parece sumamente injusto.
Sin hay margen para bajar impuestos y tasas municipales, debe hacerse de forma progresiva. El PP podría recordar cómo criticaban a Zapatero por dar a todo el mundo los 400 euros del IRPF o los 2.500 del niño. Sin diferenciar rentas. Pues aquí sucede lo mismo. Rebajemos al parado o a quien recibe una pensión mínima o no contributiva. Pero no a todos los ciudadanos por igual. Porque la justicia es dar a cada uno según sus necesidades y pedir, según sus posibilidades. Es sumamente injusto bajar impuestos a todos, como pedir copagos a todos.
Lo que demanda esta crisis es conciencia social. Lo otro, lo de bajar por bajar, es populismo.
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