Un tranvía llamado «Siboney»

Era el más elegante, debe su apodo a un café o a un trasatlántico y protagonizó un trágico accidente

la voz

Anarquía no significa ausencia de orden, sino ausencia de poder. Que parezca lo mismo es producto de siglo y medio de propaganda contra esta temida ideología. La ausencia de orden es entropía. Así que no es extraño que el tranvía de Vigo fuese diseñado por un anarquista, en concreto, el mayor pensador libertario de España, el vigués Ricardo Mella. Y que su trazado fuese bien ordenado y un éxito: en 1940, ya transportaba, en la ciudad y su área metropolitana, 18 millones de viajeros al año.

Mientras Mella sentaba las bases del anarquismo español, o traducía Dios y el Estado, de Mijaíl Bakunin, era contratado por el empresario Martín Echegaray como director técnico del tranvía. Eran otros tiempos, sin duda. Mella llegaría a ser director general de la compañía, desde 1914 hasta su muerte, en 1925. Y la fórmula parece que funcionó, porque Tranvías se convirtió en una empresa modélica con sus trabajadores. Al punto de que, por suscripción popular, los propios tranviarios pagaron el monumento funerario al gerente-anarquista que hoy luce en Pereiró.

El tranvía de Vigo fue, en sus inicios, un empeño de Martín Echegaray o de Ricardo Mella, pero también de un puñado de familias viguesas aún hoy reconocidas, como los Sanjurjo Badía, Durán, Losada, Mirambell e incluso el marqués de Mos y Valadares. Pertenecen a una larga lista de apellidos que buscaban mejorar la ciudad, pero también hacer dinero. Legítimo y muy vigués, por otra parte.

Echa a andar el tranvía en 1914, con una primera línea de 23 kilómetros, que irá desdoblándose y ampliándose a lo largo de los años. Los primeros veinte coches, de dos ejes, llevaban 18 asientos y espacio para 20 pasajeros de pie. En 1922, pasaban a ser 36, tras incorporar varios importados de Alemania y Bélgica, a los que popularmente se llamaba los Odessa, pues se decía que habían sido construidos para esta ciudad del Mar Negro, aunque su compra fue frustrada por la Revolución Rusa.

Seis variaciones

El investigador Xan Fraga, en su obra Pontevedra-Vigo, tranvías e trolebuses, afirma que más tarde «se intentó unificar el modelo de Tranvía, llamado Vigo, que tendrá hasta seis variaciones, por ser en los talleres de la compañía donde se reformaban y acondicionaban». Estos nuevos coches elevan su capacidad a 54 viajeros, 16 sentados y 38 de pie. En torno a 1960, llegarían nuevos coches desde San Sebastián y diez procedentes de Sevilla, de la marca Winterthur, a los que apodan los «sevillanos». Estos últimos, montaban ruedas con revestimiento de caucho para amortiguar el ruido en los raíles. Cuando en 1968 el Concello elimina los tranvías -por empeño personal del alcalde Portanet, partidario del autobús de Vitrasa- los coches, con sus jardineras, transportan más de 40 millones de viajeros al año.

No hay que olvidar que Vigo tenía en 1968 cien mil habitantes censados menos que en la actualidad: 198.815 frente a los 297.355 de hoy. Lo cual nos da la idea de la fabulosa cifra de 40 millones de viajeros del tranvía cuando fue desmantelado. Todos los autobuses y líneas de Vitrasa mueven ahora mismo menos de la mitad, sin alcanzar los 20 millones de viajeros al año.

De entre todos los modelos de tranvía, el más elegante, el que dejó mejor recuerdo fue el llamado Siboney. Eran más grandes y montaban bojes o bogies, dos ejes de ruedas pareadas que permitían al coche trazar más cómodamente las curvas.

Borneira

Algunos sostienen que el apodo de Siboney vino por un trasatlántico que el 10 de septiembre de 1920 encalló en punta Borneira, al entrar en la ría de Vigo. El buque llegaba a Vigo procedente de Santander con 350 pasajeros embarcados y con la intención de recoger 1.195 más, emigrantes que se dirigían a La Habana, en Cuba. Los trabajos para desembarrancarlo duraron semanas y la noticia fue la comidilla en Vigo durante mucho tiempo.

Otros aseguran que Siboney venía de la marca de cafés radicada en A Coruña que se anunciaba en los laterales de muchos de estos tranvías. Si usamos la navaja de Ockham, esta explicación, por más sencilla, parece más verosímil.

El Siboney también fue el protagonista del más trágico accidente de la Compañía de Tranvías de Vigo. Fue el 17 de noviembre de 1933, a las siete y media de la mañana, cuando el coche iba cargado de obreros de los astilleros Barreras. En Colón, falló la energía eléctrica. Y los operarios, «temerosos de no llegar a tiempo a su trabajo», según relata El Pueblo Gallego, insistieron al conductor de que dejase deslizarse el vehículo cuesta abajo, para ganar tiempo. El tranvía ganó tal velocidad que, desbocado, fallaron los frenos y descarriló, estrellándose contra un edificio tras tronzar varios árboles. Murieron tres obreros y hubo medio centenar de heridos.

Aquel Siboney iba sobrecargado. Como casi siempre a primera hora de la mañana. «Colgados de los estribos pendían verdaderos racimos humanos, cumplidores obreros de la factoría Hijos de J. Barreras y de las numerosas fábricas enclavadas en la fabril zona que se extiende hacia la ex-villa de Bouzas», narraba El Pueblo Gallego.

Este año se cumplieron 80 años del accidente, el más grave en la historia de los tranvías de Vigo. Pero que en nada afectó a la memoria del Siboney. El elegante coche blanco siguió siendo el más popular. Y perdura en la memoria de esos vigueses que, aún hoy, si cierran los ojos, pueden escuchar perfectamente el runrún de chirridos metálicos que fue la banda sonora del viejo Vigo del tranvía.

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