El sorprendente interés mostrado por el alcalde Abel Caballero por la hipótesis del investigador Manuel Santos, quien apunta la posibilidad de que Vigo fuese la Burbida de la antigua vía romana XIX, debería ser aprovechado en favor del patrimonio histórico local, ese espacio que tanto gusta al regidor, que no olvidemos que rima con emperador. Sus más próximos consejeros, especialmente aquellos involucrados en cuidar del pasado, quizá tendrían que enumerarle los notables beneficios que obtendría la ciudad al recuperar elementos históricos. No digo yo que Vigo sea Atenas, ni el Castro la Acrópolis, pero sí hay elementos suficientes para hacer un gran recorrido histórico que, seguramente sería más apreciado por los foráneos que por los nativos.
Sí parece que este gobierno revitalizará el yacimiento romano de Toralla, aprovechando un dinero y un proyecto planteado hace años por sus exsocios de gobierno, los nacionalistas del BNG. También hace tiempo que se puede ver la musealización de los restos de la salina romana del siglo I, en la calle Rosalía de Castro. Incluso tenemos el yacimiento de O Castro, punto de partida del poblamiento urbano en Vigo.
Pero está en la mano del gobierno actual solucionar el gran entuerto urbanístico creado con el actual Plan Xeral. La condena a vivir en el subsuelo al primer edificio industrial que conocemos en Vigo, algo que para cualquier ciudad industrial del mundo sería tan importante como la Acrópolis para Atenas. La factoría de salazón fue descubierta hace unos años, cuando se realizaba un control previo a la construcción de un edificio en Marqués de Valladares. Contó incluso con el dinero de la Xunta para su recuperación, pero la legislación la devolvió al Tártaro. Quizá esté mejor conservado ahí abajo, lejos del alcance de nuestro peligro.
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