Más de dos mil personas en treinta y dos comparsas completaron un recorrido de más de dos horas
19 feb 2012 . Actualizado a las 07:05 h.El entroido vigués vivió ayer su día grande con el desfile de comparsas que paralizó el centro de la ciudad durante toda la tarde. En total, 32 comparsas con los más variados motivos salieron a la calle para compartir un espíritu festivo algo de capa caída, aunque a juzgar por el número de participantes en la interminable comitiva, ganas hay.
Los carnavales de Vigo no están entre los más sonados de Galicia. No comparte con otras localidades de la comunidad ni un solo día festivo que de tregua a los ciudadanos para sacarse la careta de la tediosa vida cotidiana (la laboral y la casera) y ponerse el disfraz de lo que le apetezca ser durante unas horas. Aun así, los vigueses roban tiempo al sueño y a las obligaciones diarias para preparar la actuación de una actuación pública jaranero que no siempre está a la altura de las expectativas del simple espectador. Pero, claro, el observador solo mira y juzga, y quizás cuando ve la pobreza de la mayor parte de los participantes, la ausencia de gracia, la falta de ritmo, de música en directo o una mínima coreografía, no tiene en cuenta que el presupuesto no da para más o que la imaginación da para lo que da. Y bastante hacen.
El carnaval también sirve de barómetro de la popularidad. Así, puede decirse que no hay pueda deshacerse año tras año de los superhéroes, que son realmente inmortales, ni de los pitufos ni de los hombres con tetas postizas y pelucas. Sin embargo, de Bob Esponja solo quedan los rescoldos de una fama fugaz, que Dora Exploradora ya le acompaña en ese limbo, y que hay clásicos locales que superan al merdeiro: el chaval disfrazado con el mono de trabajo azul del astillero donde curra alguien de su familia, aunque en la nueva versión, el familiar está en el paro.
Los premios (2.500 euros es el importe para el primero) se darán a conocer el martes, día en que, si no ocurre un milagro, morirá el símbolo del entroido vigués, el Rei Momo, encarnado este año por una gigantesca Angela Merkel que mueve los hilos de un pequeño títere con la faz de Mariano Rajoy.