Los vigueses se ponen a la cola

María jesús Fuente texto Ó. Vázquez / decimavilla fotos VIGO / LA VOZ

VIGO

Cada vez son más los ciudadanos que tienen que soportar largas esperas para ser atendidos en servicios sociales, sanitarios, oficinas bancarias y del paro, entre otras prestaciones

06 feb 2012 . Actualizado a las 13:13 h.

Si las colas son sinónimo de pobreza, como dicen, cada vez son más los vigueses que tienen que rascarse el bolsillo para llegar a fin de mes. Y es que cada vez también son más las hileras de ciudadanos que se forman ante las puertas de entidades bancarias, comedores sociales, centros de acogida, concesionarias de servicios municipales, centros sanitarios, servicios sociales y, sobre todo, ante el Servicio Público de Emprego de Galicia (anterior INEM). La oficina de López Mora se lleva la palma. Ni las temperaturas mínimas arredran a los desempleados como demuestra el hecho de que antes de que se abra la puerta, a las nueve de la mañana, ya se acumulen una treintena de personas a lo largo de la acera, adosadas a los edificios para resguardarse del frío. A las nueve en punto se abre la puerta y una trabajadora trata de que acceda el mayor número de gente posible.

Algo similar ocurre con los servicios sociales del Café Calor (en Elduayen) y con los comedores de la Esperanza y de la Misión del Silencio, en cuyas puertas los ciudadanos se agolpan ansiosos de echarse algo caliente a la boca.

La nueva oficina de Fenosa-Gas Natural en Vía Norte se ha sumado al club de las colas y no hay más que situarse un minuto ante la puerta para captar algún cliente furioso. También las entidades bancarias figuran entre las recientes incorporaciones. Tras el cierre de oficinas y la reducción de personal, multitud de clientes forman ordenadas filas ante las ventanillas o cajeros automáticos.

Una cola ya clásica es la de petición de citas para consultas en el Hospital Xeral, más o menos larga, en función de la hora.

Servicio de Emprego

Diez años sellando temprano. Adela Vázquez Álvarez se explica desde la cola del paro: «Vengo siempre temprano porque mi madre, que tiene 94 años, está en cama con oxígeno, día y noche». Tiene motivos para la desesperanza: «Llevo viniendo más de diez años cada tres meses; me ofrecieron dos trabajos, pero cuando llegué ya estaban cogidos». Fue emigrante en Francia, donde trabajaba en una carnicería, pero en Vigo se conformaría con limpiar. «Allí era distinto, yo siempre tuve seguridad social y vacaciones; aquí vamos muy atrasados», comenta esta vecina de Beade, que antes iba a la oficina del Calvario, donde no había tanta gente. A ella se une otra vecina de la misma parroquia, Margarita Barros, viuda desde hace 11 años y a quién ahora le hacen devolver 12.000 euros por un error con el que, dice, no tiene nada que ver.

fenosa-gas natural

No cumplieron lo pactado. A Ricardo Soto Pereira le dijeron cuando hizo el contrato del gas por un importe de 219 euros que lo podría pagar en 60 meses. Sin embargo, se lo incluyeron en la primera factura, junto con los 53 euros de consumo. Cuando reclamó en la oficina de Vigo, a la que acudió en tres ocasiones, le dijeron que llamara a Barcelona, lo que hizo dos veces. La culpa la tiene el ordenador, según le comunicaron. «Es un cachondeo, lo pone el contrato que es a sesenta meses, es la tercera vez que vengo y he tardado casi hora y media», comenta indignado este ciudadano.

Concello-vitrasa

Pago del bus con impuestos. Carmen Martínez está en la cola del Concello destinada al transporte público para renovar su perfil de pensionista, algo que tiene que hacer todos los años. «En el bus no pago, pero ya nos suben los impuestos, con lo cual, pagamos igual», razona esta vecina de Canido. Advierte que si tuviera que pagar el autobús se le irían los 400 euros de pensión y tendría que elegir entre desplazarse o comer. La mayoría de la gente dice que la cola va rápido, pero algunos llevan esperando tres cuartos de hora. «Tengo el número 33 y va el 8», muestra ostra mujer en la cola.

Aqualia

Una mañana para llegar. Carmen Pérez Rocha se apea de un taxi en la puerta de Aqualia, en la calle Cantabria. Antes ha viajado la mitad del trayecto en autobús. Tiene 81 años y vive en Coia. La lejanía de esta oficina del centro de la ciudad retrae a muchos ciudadanos de ir a pagar e incluso a protestar. «Como llevo tantos años viniendo a pagar procuro hacerlo a una hora a la que hay menos gente; sino, si vienes más temprano, puedes pillar mucha cola; aún así, echo toda la mañana», aclara, tras añadir que volverá caminando hasta el Calvario y después seguirá en autobús.

hospital

La cola más dolorosa. La espera para lograr cita en el Hospital Xeral es quizá la más dolorosa, teniendo en cuenta que la mayoría de las personas que la forman están aquejadas de algún mal. En estas condiciones se ven obligadas a esperar turno, no solo en el vestíbulo, sino a lo largo del pasillo. Roberto (no quiere decir el apellido por motivos laborales) ha oído comentar a las trabajadoras que dan la cita que les falla un ordenador. La ponteareana Isabel Fernández tiene 18 personas delante. Tenía dos citas para el día 28 y le han adelantado una de ellas al 22. Para no perder dos días más, está en la cola a ver si logra que le pongan de nuevo las dos citas en la misma fecha. «Si no lo consigo, tengo que venir en este mes cuatro días», se lamenta. «Cada vez que vengo es un horror, siempre hay mucha gente», comenta otro vecino.

entidad bancaria

La fila de las exclamaciones. «¡Qué cola!», «¡Ostras!», «Últimamente es así». Son los comentarios de algunos usuarios de una entidad bancaria de la calle Salamanca. Eva Sobrado es una de ellas. «De trato moi ben, o tempo xa é outra cousa, se nota que están reubicados e que non controlan moi ben», justifica al salir. «Desde que cerraron hay más gente, pero currantes son los mismos, que es lo que llama la atención», añade otro cliente.

comedor social

No quieren hablar. El ánimo de los usuarios del comedor de la Misión del Silencio está por los suelos. A la espera de un bocado que echarse a la boca sobran las palabras. Tanto este centro como el de la Esperanza han duplicado los comensales con la crisis y, por tanto, también han duplicado las colas.

oficina de tráfico

Menos gente en invierno. La ventanilla que tiene una hilera de gente a la espera es de información, curiosamente la única para la que no se necesita sacar tique. En este caso la demora es muy superior en verano, cuando los vigueses que residen en el exterior aprovechan para renovar sus documentos. Ana María Rivero ha tenido que pasar por tres ventanillas para obtener el carné de conducir.