Importante coleccionista de arte, su otra pasión es el ejercicio al aire libre
14 nov 2011 . Actualizado a las 11:48 h.Una caminata por los montes de Coruxo es para Luis Sirvent el mejor fármaco contra el estrés. Confiesa que se automedica con tanta frecuencia como le permite su agenda, en todo caso, mucho menos de lo que le gustaría. Desde hace 26 años reside en una casa situada en la falda del monte, así es que lo único que necesita para reponer el botiquín es salir a la puerta.
Explica que fue su padre el que le inculcó el amor por la naturaleza -«era un gran cazador y con ocho años ya le acompañaba al monte», afirma-, de ahí que el aire libre esté irremisiblemente asociado a sus grandes aficiones, con la salvedad de su pasión por el arte. Dicha pasión se traduce en una de las principales colecciones de arte contemporáneo que existen en España. De hecho, es habitual que salas y museos de distintos puntos del planeta le pidan obras en cesión. Sin ir más lejos, estos días tiene algunas en Granada, en Lisboa...
Desde bien joven le gustó dibujar y pintar -«decían que lo hacía bien»-, pero cuando a los 16 ó 17 años empezó a trabajar en el negocio familiar de máquinas de escribir, Casa Sirvent, aparcó el lápiz y los pinceles. Recuerda que acababa de cumplir los 18 cuando compró el primer cuadro. No se imaginaba entonces que sería el principio de una colección que, asegura, no para de crecer en parte porque nunca ha vendido nada y, en parte, porque no sabe decir que no -«y cuando lo digo no me escuchan»- a las propuestas que recibe.
A este capítulo del arte también es aplicable una de sus máximas: «Me gusta participar pero no me gusta competir». Pronuncia la frase tras hacer un repaso por las muchas actividades que, al margen de lo profesional, han ocupado su tiempo, desde la caza o la pesca, al tiro al plato, la navegación a vela, las rutas a caballo o los interminables paseos en bicicleta. Explica que han sido pasiones que ha exprimido de una en una. «Cuando me entrego a algo lo hago con todo el equipo», dice.
Por ejemplo, cuando Juan Blanco, José Figueiredo y Modesto Rodríguez le descubrieron la vela -«tenía 24 años»-, dejó para siempre la caza y la pesca. «El día que subí a aquel barco en Aldán, el Dente do can, me enganché para siempre», afirma. Tanto que, tras obtener su título de capitán de yate, tomó la decisión de poner proa a dónde le llevara el viento durante un tiempo indefinido. Dos años de travesías compartió con Manolo Corrales a bordo del Roda. Era una especie de preparación para dar la vuelta al mundo que, finalmente, no pudo ser.
Alejandro Barreras fue el culpable de su siguiente afición. «Un día me invitó a montar a caballo. Sentí la misma sensación de libertad que en el mar así es que cambié la vela por la equitación. Tardé siete años en volver a subir a un barco», dice. Claro, fue para ganar una regata. Como en todo se entrega a fondo, lo de la monta no iba a ser distinto, así es que llegó a hacerse con un título de mejor jinete de Galicia. Y eso que no le gusta la competición.
Un problema de espalda terminaría apeándole de los caballos, pero como el ejercicio al aire libre es lo suyo, optó por subirse a la bicicleta, que también tuvo que aparcar. Ahora es en el coche de San Fernando (un rato a pie y otro andando) en el que sube y baja montañas cada fin de semana. Le gusta hacerlo en compañía de amigos, pero a veces se les pegan las sábanas, así es que si a las ocho de la mañana no están en el punto de encuentro inicia la marcha en solitario.
Cinco hermanos como una piña
Luis Sirvent es el cuarto de cinco hermanos. Todos varones. Son uno de esos ejemplos de libro de piña sin fisuras. Alfredo, su padre, ejerció de pegamento. Los cinco trabajaron en el taller de reparación de máquinas de escribir que abrió en los 40, y los cinco hicieron el camino juntos hasta llegar al mobiliario de diseño. Aquel taller fue, en realidad, una miscelánea de saberes, en el que lo mismo se impartían clases de mecanografía, que acudía a dictar José María Castroviejo o se transcribía un libro de Porfirio Faro en el que demostraba que «pi» no es igual a 3,1416...