No hay corriente que se les escape

Investigadores de la Universidad de Vigo ponen en marcha un sistema pionero que permite obtener datos en tiempo real de los movimientos de agua en el exterior de la ría


vigo / la voz

La ría de Vigo puede presumir de contar con uno de los sistemas más novedosos para controlar la corriente y determinar la altura del oleaje. Dos estaciones de radar de alta frecuencia permiten obtener datos prácticamente en tiempo real de cómo se mueve el agua superficial, una información crucial para actuar en naufragios o vertidos pero también muy útil para el sector pesquero y la planificación marítima.

El grupo de Oceanografía Física de la Universidad de Vigo lleva trabajando en este proyecto cinco años aunque no fue hasta hace poco más de un año cuando empezó a funcionar el sistema. Son unos de los pioneros en este ámbito y han apostado por aplicar en aguas interiores esta tecnología, muy extendida en Estados Unidos. De hecho, una de las investigadoras del grupo se pasó dos años en un centro de California que ya trabajaba con radares de este tipo.

El sistema implantado en la ría de Vigo permite conseguir datos de las corrientes en la ría con resolución espacial de unos 300 metros. Es el único sistema de estas características que existe en España, que cuenta con radares de menor frecuencia en el estrecho de Gibraltar, la costa vasca y también en la gallega.

La principal ventaja del radar es la inmediatez con la que se puede disponer de datos. Las antenas que crean las ondas están continuamente en funcionamiento y se genera un mapa de corrientes (como el de la imagen) cada media hora. «Es un sistema inocuo», se encarga de aclarar Gabriel Rosón, tanto para las personas como para las especies de la ría. Su potencia es muy baja y «probablemente sea más nocivo ponernos en la oreja el teléfono móvil», como aclara otro miembro del equipo .

El grupo vigués se ha convertido en el que sentará las bases para posteriores experiencias de este tipo en España. Le han concedido un proyecto de tres años para establecer los pasos necesarios y estandarizar el proceso de instalación de los radares. «Tuvimos incluso que pedir permiso al Ministerio de Defensa y asegurarnos de que no interfería en su señal», explica Ramiro Varela, otro de los profesores del grupo.

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