Tras la goleada al Huesca, tratará de obtener un segundo triunfo consecutivo ante el Girona
25 oct 2011 . Actualizado a las 11:47 h.Una corriente de optimismo ha impregnado al celtismo. Después de sufrir su particular annus horribilis, la afición viguesa siente que su equipo puede empezar a ser otro muy distinto en Balaídos. La goleada y la imagen que el Celta ofreció ante el Huesca ha provocado que se hayan multiplicado las expectativas que este mismo bloque había generado con su irregular arranque de la competición.
Los celestes necesitaban un partido que les cargase de confianza y lo encontraron el pasado sábado. Solo tres días después, tienen la oportunidad de descubrir si fue solo una casualidad, o por contra este equipo ya ha encontrado el camino para ser aspirante al ascenso. Se miden a otro conjunto que pasa por apuros, y eso debería servirle para exprimir su superioridad, y su falta de nervios.
Dos victorias celestes consecutivas en su campo es algo que sucedió por última vez en el final de la pasada Liga cuando venció al Cartagena en el último partido del campeonato regular, y posteriormente al Granada en la promoción.
Para refrendar la imagen positiva, el Celta tendrá que demostrar si tiene o no la profundidad de plantilla que aparenta. Herrera tiene previsto hacer rotaciones en su equipo, y los que no estuvieron en la pasada jornada gloriosa, tendrán que ahora enseñar si son tan capaces como los otros de estar en el once titular.
Un rival ambicioso
El Girona de Raúl Agné, a pesar de que está inmerso en puestos de descenso, es un equipo que pretende jugar al fútbol. Si las condiciones del terreno de juego lo permiten, lo normal es que ambos conjuntos apuesten por un partido atractivo para el espectador, en el que la lucha se centrará en quién tiene el balón. El que logre ganar la partida en este aspecto estará mucho más cerca de llevarse también la victoria.
Entre los alicientes en el lado catalán estará el regreso del central vigués Richy con otra camiseta después de que el pasado año viniese con el Córdoba, o del también ex céltico Jandro. Con este último el Celta logró su último ascenso, y a partir de ahí el asturiano tomó diversos rumbos a lo largo de su carrera.