Náufragos en San Simón

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO

El vapor «Velasco» recogió en medio del Atlántico y trasladó a Vigo a los doce supervivientes de un barco norteamericano hundido por un huracán

22 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

«Los doce náufragos continúan tan atendidos como el primer día por el comandante del vapor, simpático caballero, don Carlos Chacón, lo mismo que por los pasajeros del mismo», se puede leer en El Heraldo del 7 de octubre de 1853. El «simpático caballero» comandaba el vapor de correo trasatlántico Velasco, que aquellos días pasaba la pertinente cuarentena en el lazareto de San Simón.

Días atrás, el buque había entrado en la ría de Vigo procedente de La Habana con 26 pasajeros y doce náufragos que localizaron en medio del Atlántico. «Al amanecer del día 17, navegando con las máquinas en el segundo grado de expansión y todo aparejo de cruz y alas, estando el viento al oeste fresco y la mar picada de él, en la descubierta se avistó por el través de haber demorando al noroeste restos al parecer de un barco perdido o una embarcación pequeña al garete», escribía Carlos Chacón en su informe al Ministerio de Marino. Era una balsa con doce personas, entre ellas una mujer y una niña de cinco meses.

«El marinero Luis Parker tenía una fractura completa de los huesos de la pierna derecha y solución de continuidad con pérdida de sustancia, y el marinero Tomas Chapman, otra fractura simple de los huesos de la pierna izquierda», añadía el comandante del Velasco.

Se trataba de la tripulación de la «brik-barca» norteamericana Henry Harbeck, que transportaba 650 toneladas de ferrocarril de Cardiff a Nueva York. A mitad de trayecto, el barco fue sorprendido por un «horroroso huracán» que, además de dejar gravemente afectado al barco, se llevó a dos marineros, mientras que otros dos sufrían roturas en sus extremidades inferiores. No quedó ahí la cosa. «Tres días más tarde, el buque sufrió otro temporal del noroeste con mar muy gruesa de través», relató Henry True, capitán del barco hundido, a Carlos Chacón. En esta segunda embestida de los elementos, el barco solo aguantó tres días más antes de irse a pique.

La tripulación pudo refugiarse en una balsa y los días comenzaron a transcurrir con la esperanza de cruzarse con un barco en medio de tan inmenso océano.

Quizá fue Patricio Pita, un capitán del Ejército que retornaba a su tierra; o el médico militar Domingo Gambau, que viajaba acompañado por su mujer y su hijo, pero alguien divisó la balsa y pudieron salvar la vida a aquellos náufragos.

Cuando entró en la ría, el Velasco se dirigió a la ensenada de San Simón para pasar la cuarentena. Allí fueron atendidos los marineros. El 6 de octubre, el cirujano del establecimiento sanitario se vio obligado a amputarle la pierna al marinero Luis Parker, pero el resto de la tripulación, tras recuperarse, pudo regresar a su tierra.

Ladrones en A Gamboa

Al tiempo que ocurría esta afortunada historia, en el interior de las murallas de Vigo había un ladrón suelto. El 25 de octubre, a las siete de la tarde, se producía un intento de robo en un comercio de la calle Gamboa. El ladrón fue visto por una mujer que con sus gritos ahuyentó al caco, dejando una llave ganzúa en la cerradura de la puerta. Días antes, una tienda de la plaza de A Constitución había recibido, a media noche, la visita de los cacos sin que los serenos se enterasen.

Para olvidar esta oleada de robos, aquellos días muchos vigueses se fueron al único teatro que entonces existía en la ciudad a ver la comedia Antes que todo el honor, la pieza Ya murió Napoleón y el baile español La Furlanga.