Las cifras lo dicen todo. Tantos números rojos no pueden ser causalidad. El Celta tiene un problema muy grave desde hace cinco años y en tanto tiempo nadie ha sido capaz de solucionarlo, ni, a la vista de los acontecimientos, se han buscando soluciones para ello. Poco a poco Balaídos se ha ido comiendo toda la ilusión. Primero el descenso, después el fantasma de la Segunda B y el curso pasado cercenar un ascenso que estaba al alcance de la mano con los números como visitante.
Por encima ahora se apunta directamente a la confección de la plantilla. Con tan solo dos meses de Liga encima, Herrera ha dejado caer que es un problema de hombres. El quid es que no hay mucho más. El equipo apostó por la dinamita arriba y se quedó escuálido atrás. El debate del verano no ha tardado mucho tiempo en emitir su veredicto.
Si a eso añadimos un problema de carácter a la hora de defender, e incluso de encarar el partido, es como para comenzar a temblar.
Aunque suene a teoría de manual, los objetivos se consiguen en casa y manteniendo la portería a cero. No todos los días los celestes van a hacer pleno como visitantes ni van a golear a sus adversarios para dejar sin efecto los goles recibidos.