El alcalde Caballero anunció esta semana que donará cuatro ejemplares de sus novelas a la biblioteca pública de O Calvario. «Como están descatalogadas, las cederé de mi colección particular», dijo nuestro hombre. Lo que nos confirma que colecciona sus propias obras. Se supone que tiene una librería en casa dedicada a sus volúmenes y acude los domingos, con delectación, a pasarles el plumero.
Si aprendiese un poco de mi alcalde, no me pasaría lo de hace dos semanas. Que, teniendo yo también libros publicados, nueve concretamente, tuve que ir a la Biblioteca de la Caja de Ahorros a pedir uno mío prestado. «Esto está mal», me dijo el bibliotecario, «ha puesto su nombre donde pone autor». «¡Es que soy el autor!», le tuve que explicar al amable señor, sintiéndome avergonzado. Lo importante es que la magna obra, en cualquier caso, ya obra en mi poder, aunque sea en modo fotocopias.
Pero no hablemos de mis ridiculeces, sino de la genial iniciativa del alcalde: va a regalar sus novelas a una biblioteca pública, para que los vigueses conozcan que sus obras no solo son losetas y bancos con el letrero de Alcaldía.
En concreto, las cuatro novelas de Caballero son: La elipse templaria, El hombre que tenía miedo al mar, El invierno de las almas desterradas y La puerta amarilla.
De todas ellas, yo he comprado y leído dos: la primera y la última. Y vuelvo a proclamar que La elipse templaria está muy bien y que se lee con gusto. La puerta amarilla, en cambio, es un producto fallido: no me creo que un terrorista de ETA que va a poner una bomba en el Bernabéu se termine enamorando de un remedo de la hija de Botín, ni que esta tenga una amiga que trabaja en supermercados Dia, ni frases como «Tenían prisa porque iban a llegar tarde a la movida». Tampoco me parece apropiado que, cuando se fuman un porro, se diga que se delectaban con sus efluvios. Pero tal vez sean cosas mías, que soy mal crítico.
Para estas navidades, mi objetivo es leer El invierno de las almas desterradas y sin duda leeré algún día eso del hombre que tenía miedo a Abrir Vigo al Mar. Soy vigués y, para poder opinar, hay que estar informado.
En cualquier caso, no sé cómo se tomarán los vecinos del Calvario la iniciativa de nuestro alcalde. Estoy deseando saber el número de préstamos que genera su obra. Será un dato que tener en cuenta sobre su popularidad.
Aunque creo, sinceramente, que en justa correspondencia, los vecinos lectores deberían también regalar algún libro al propio Caballero. En mi opinión, el mejor sería uno titulado Ley de Procedimiento Administrativo. Se trata de una obra en la que se explica cómo celebrar unas oposiciones sin hacer una chapuza. Seguro que le será de utilidad y, si no le gusta, siempre se lo puede regalar a Carlos Font, para que aprenda.
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